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La divina presencia es de una sustancia electrónica pura.

Jophiel

La divina presencia es de una sustancia electrónica pura, su luz es muy resplandeciente, capaz de desintegrar toda imperfección y limitación humana. Por medio del amor y veneración hacia la divina presencia, el hombre logra obtener una libertad incondicional de todas las imperfecciones siendo consciente de su divinidad. Cuando el hombre ha logrado elevarse en vibración, obteniendo su libertad de todo lo indeseado, puede conscientemente liberar cantidades extraordinarias de luz y ejercer control sobre toda acción y efecto que está afectando a su alrededor. La ley primordial de la vida es el amor. El amor se manifiesta en armonía, paz y felicidad. Cuando hay armonía, paz y felicidad se dice que hay belleza en todos los aspectos, la manifestación natural es sabia. El amor hace de nuestro modo de pensar en cierta manera que somos invulnerables, todo es perfección.

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Fábula China.

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Se cuenta que allá por el año 250 A.C., en la China antigua,un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse. Sabiendo esto, decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó: ¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura. Y la hija respondió: “No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz.” Por la noche la joven llegó al palacio.

Allí estaban todas las muchachas más bellas, con los vestidos más caros, con las joyas más preciosas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: “Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, para que sea esposa y futura emperatriz de China.”

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean costumbres, amistades, relaciones, etc. El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordada solo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó: “Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz, la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles.”

Maravilloso relato. En tiempos donde lo importante parece ser los resultados, los logros, lo visible, cultivar el valor de la honestidad parece un valor perdido. Somos capaces de inventar los más variados argumentos para excusarnos, por no decir “Me equivoqué, tienes razón, no sé acerca de esto.” Opinamos sobre todo, juzgamos a todos, la “viveza” se ha convertido en un valor, encubriendo la mentira, el engaño, la falta de honestidad para con nosotros mismos. La verdad, la sinceridad, la humildad, no son virtudes exacerbadas, hemos confundido el significado de la palabra éxito. Si ha terminado su día siendo leal a sí mismo, sin traicionar sus creencias y sentimientos, sin dejar de ser quien es usted para quedar bien u obtener resultados, ese ha sido un día de éxito. Puedes hacer de este un día exitoso, de ti depende.

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El Yo Soy, solo puede representar perfección y armonía.

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Es una ley inmutable, a través de la historia se ha usado esta gran verdad, no es una fantasía, ni para tomarlo como broma o que solo es producto de las ideas de las enseñanzas Budistas, Hinduistas o de personas espirituales que no tienen fundamento, es más bien la ley del universo, la ley cósmica de Dios. El Yo Soy, solo puede representar perfección y armonía. Cada vez que estamos tentados a decir cosas adversas a ésta, meditemos lo que estamos pensando en decir e inmediatamente teniendo conciencia, retractarse de estos malos pensamientos y expresar con vigor la perfección divina.

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Cuando estamos usando el Yo Soy, estamos empleando el principio más poderoso del universo.

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Las expresiones y pensamientos deben ser correctos para que la vida reitere su perfección con toda naturalidad. Cuando estamos usando el Yo Soy, estamos empleando el principio más poderoso del universo, lo cual denota nuestra divinidad que solo es perfección; todo lo que sea menos que perfección, es una aberración del mal uso de la energía de Dios. Cada vez que decimos Yo Soy, estamos abriendo la puerta para que todas las cosas buenas vengan hacia uno, de esa fuente inagotable que es Dios en acción. Es la facultad de obrar en la vida, es la identificación con Dios, es realmente la energía de Dios. Cuando hay una pareja que ha decidido tener hijos, debe invocarse al ser supremo y decretar que le mande como hijos a seres de luz, seres avanzados espiritualmente. Cuando un ser va a hacer su transición decretar y ordenar que en la próxima reencarnación, se le asigne como padres a seres de gran luz. Hacerlo con gran convicción y se hará realidad.