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Para los hijos e hijas de Dios la Muerte no Existe

Moradass

Para los hijos e hijas de Dios la Muerte no Existe

Así como Jesús era la encarnación perfecta de ese Cristo, así como su conciencia exterior, el hombre Jesús, se había unido totalmente con la conciencia interior, con el Cristo, así la única muerte que se le puede imputar en el ritual de la crucifixión; es la muerte de la conciencia del pecado de la humanidad.

Tomó esto sobre sí, para que nosotros pudiéramos tener oportunidad renovada de reclamar la vida y de repudiar las mentiras de los malvados, que desean hacernos creer que nuestra verdadera identidad, que está escondida con Cristo en Dios, sucumbe o puede sucumbir, ante las leyes de la disolución y la descomposición. “Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él” [Romanos 6: 8, 9].

Aquí vemos la explicación de la declaración: “Está establecido para los hombres que mueran una vez.” Una vez que el pecado y el sentido del pecado han cedido ante los fuegos de la resurrección, ya no hay muerte, ni morir y en verdad no puede haberlos. Porque la identidad del alma está unida con Cristo y está sellada en la inmortalidad. “Porque en cuanto murió, el pecado murió una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive.

Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” [Romanos 6: 10, 11]. Prestad atención, pues, oh servidores del Dios Altísimo que habitáis en los planos de la Materia, para que no sucumbáis a la conciencia de los malignos que saben que les queda poco tiempo y que cuando se marchen de la pantalla de la vida y deban ser juzgados en la Corte del Fuego Sagrado, en verdad su identidad pasará por la segunda muerte [Apocalipsis 2: 11; 20: 6, 14; 21: 8], que es la muerte del alma.

Para estos que durante miles de años y cientos de encarnaciones han unido sus conciencias a la carnalidad, no hay esperanza de vida sempiterna. Para ellos la muerte es final. Y se lamentan cuando uno de sus miembros se marcha de la pantalla de la vida, porque ciertamente es el fin de la oportunidad y de una identidad que fue concedida en el principio, como una oportunidad de expandir en el plano de la Materia, la conciencia que Dios tiene de sí mismo.

Como le dijo Ramakrishna a Sarada Devi desde más allá de la tumba: “Aquí estoy, ¿A dónde pensabas que me había marchado? Simplemente he pasado de una habitación a otra”, así os digo a vosotros con las palabras de Jesús: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay, si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros…. Para que donde yo estoy [YO SOY], vosotros también estéis” [Juan 14: 2, 3]. En los reinos de nuestro Señor y su Cristo, hay oportunidad infinita para la expansión de la identidad y de la conciencia que se da a aquellos que han demostrado en el tiempo y el espacio, que elegirán hacer la voluntad de Dios Padre/Madre.

Mientras la puerta del ciclo permanezca entreabierta, encontraréis que cada puerta da entrada a otra habitación, a otro plano y a otra dimensión en donde la vida revela la vida y el yo realiza más del Yo como la identidad llameante del ser de Dios. ¡Para los hijos e hijas de Dios la muerte no existe, sino únicamente victorias eternas, más allá de victorias! La muerte, pues, que se debe vencer como el último enemigo, la muerte que se debe resistir hasta el final, es la tentación de entregar la forma y la conciencia materiales, antes que el alma haya cumplido con su destino en, y mediante, esa forma y esa conciencia.

Por lo tanto, no deis la bienvenida a esta muerte que es transición; pero quedaos vosotros en Jerusalén hasta que yo venga [Lucas 24: 49]. Quedaos en el plano de la Materia, hasta que el Cristo aparezca en el pleno resplandor de la gloria de la Segunda Venida, ¡Dentro de vuestra mente, vuestro corazón y vuestra alma! No aceptéis la mentira, de que tenéis que morir para poder estar libres de pecado, sino que afirmad la muerte de la conciencia del pecado, aquí y ahora y afirmad la perpetuación de la vida, en esta octava como un mandato de ¡Venga Tu reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo!

 

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Apreciando a la Tierra

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Apreciando a la Tierra

Por muchos años he contado esta historia. Supongamos que dos astronautas han ido a la luna. Cuando ellos llegan, ellos tienen un accidente y se dan cuenta que sólo tienen el suficiente oxígeno para dos días. No hay ninguna esperanza que alguien venga de la Tierra a tiempo para rescatarlos. Ellos sólo tienen dos días de vida. Si tú les preguntas a ellos en ese momento: “¿Cuál es su más profundo deseo?” Ellos responderán: “Regresar a su hogar y caminar en el hermoso planeta Tierra.” Eso sería suficiente para ellos; ellos no querrían nada más. Ellos no desearían ser la cabeza de una corporación grande, una gran celebridad o presidente de los Estados Unidos. Ellos no querrían nada, excepto, regresar a la Tierra – estar caminando en la Tierra, gozando cada paso, escuchando los sonidos de la naturaleza y sosteniendo la mano de su amada; mientras contemplan la luna.

Nosotros deberíamos vivir cada día, igual que la gente, quienes han sido rescatados de la luna. Nosotros estamos en la Tierra ahora y nosotros necesitamos alegrarnos de estar caminando sobre este precioso y maravilloso planeta. El Maestro Zen Lin Chi dijo, “El milagro no es caminar sobre el agua, pero caminar sobre la Tierra.” Yo atesoro esa enseñanza. Yo simplemente disfruto caminando, inclusive en lugares muy ocupados como aeropuertos y estaciones de trenes. Y caminando así, con cada paso acariciando a nuestra Madre Tierra, podemos inspirar a otra gente que hagan lo mismo. Nosotros podemos gozar cada minuto de nuestras vidas.

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Aplicando el Arte de la Precipitación

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Aplicando el Arte de la Precipitación

Queridos Amigos en el Sendero de la Luz:

Todos nosotros estamos en el sendero de nuestra auto-maestría. Algunos de nosotros estamos muy decididos a convertirnos en algo semejante como fue Jesús en su vida ejemplar, pero  la gran mayoría todavía no se decide de alguna manera a dar el siguiente paso en la dirección correcta (siguen viviendo en su recreo diario en esta vida) y nos esforzamos para vivir espiritualmente para así ameritar nuestra ascensión. Debemos estar impresionados, por lo mucho que los Maestros Ascendidos han compartido con nosotros; para que nuestra vida sea más fácil si nos decidimos lo suficiente como para amaestrar las excitantes dinámicas espirituales que siempre están presente.

El amado Maestro Kutumi ha compartido bastante, acerca cómo nosotros podemos ir al encuentro de nuestra auto-maestría. En el Volumen 5, Número 16 de las Perlas de la Sabiduría; la misma que es parte de las “Clases Corona”, lo vemos a él asentando las bases sobre la maestría que nuestro amado Jesús demostró. En este caso, vamos a estudiar la maestría de la precipitación (atracción). Cada uno de nosotros podemos ser capaces de precipitar todo lo que sea necesario, para poder cubrir nuestras necesidades como dinero, comestibles, viviendas, etc. Pero ¿Cómo lo hacemos?

Primero, vamos a estudiar las enseñanzas del Maestro Kutumi. Luego empezamos a aplicar las enseñanzas. He aquí las enseñanzas de Kutumi sobre la preparación para la precipitación:

Es tan sublime este llamado al discipulado que cada uno debe entrar dentro de la iluminación de la Presencia de su Gran Ser Dios; a fin de recibir la plenitud de su efusión y la oportunidad de distribuir sus bendiciones a todos. El discípulo de la sabiduría de Dios, debe esforzarse para entrar en el corazón de Dios, para comulgar con la Fuente central y precipitar (atraer de la nada) cada día de la octava física el maná (pan de cada día) que el Padre gratuitamente da a todos sus hijos, quienes piden para luego ellos puedan recibir.

Nuestro amado Jesús y los grandes Maestros que han logrado su ascensión, estudiaron y practicaron estas leyes fundamentales de creatividad o precipitación universal. Logrando atraer a lo físico, la sustancia eterna del poderoso almacén de energía pura de Dios, estos son capaces de alimentar a grandes multitudes; con la levadura espiritual de la conciencia del Cristo, así como todas las necesidades mundanas – ya sea pan, dinero o vino.

El control de los elementos es logrado mediante el aprendizaje del ritual diario de la recolección de la sustancia espiritual del altar cósmico (a través de los decretos dinámicos y la meditación de la respiración del fuego sagrado) y protegiéndolos de los estratos más bajos del ser humano, listos para ser liberados (a través de los centros sagrados, es decir los chakras) cuando fuera necesario.

También, amados míos, la curación instantánea de cada condición discordante que han podido ser obtenidas por aquellos discípulos; quienes disciplinarán los mundos de sus pensamientos y sentimientos, que gobiernan la salida total de sus energías; inclusive así como la entrada rítmica de luz, es puesta bajo control de la llama de Dios.

Así como tú absorbes nuestros radiantes dictados, ya sean hablados o escritos en nuestras páginas, guarda bien la ciudadela de tu conciencia que es la trampa de tus pensamientos de la mente carnal y las aguas revueltas de los sentimientos humanos, para que no se apresuren a robar la cosecha de la luz que has logrado ganar con tanto ahínco e incrementado por el amor del Padre. Una de las funciones principales de nuestros dictados es liberar de ti, ese viviente y pulsante fuego sagrado, que es absolutamente esencial para conseguir las labores de los Maestros en la encarnación física.

La meta de la vida y el propósito del Padre en tu encarnación presente, como un chela (estudiante) de los Maestros Ascendidos es ser el Cristo, para tener autoridad y dominio sobre cualquier condición externa. No es de suficiente sentarte en la mesa del Maestro; hoy es de gran necesidad, ser vigilante y servir a través de los estudiantes, para que así estas enseñanzas puedan ser conocidas a lo largo y ancho del universo;  “como las aguas cubren el mar.” Este es un requisito previo para tu ascensión.

Tomen su corazón, amados míos, quienes deben superar todas las actuaciones anteriores de esos que escucharon la Palabra, del pasaje de Paulina: ¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos tan gran salvación, quien al principio comenzó a ser hablado por el Señor y fue confirmado a nosotros por aquellos que lo escucharon a Él; Dios también los hizo sus testigos, tanto con señales, prodigios, milagros y dones del Espíritu Santo, según su propia voluntad?

Nosotros urgimos a los estudiantes del Sendero, que estén alertas a las oportunidades del discipulado, para que demuestren la ley cósmica en sus asuntos diarios y para que mantengan la ecuanimidad de la conciencia de Cristo, no importando cualquier argumento aunque parezca sutil, para obligarlo a descender a las profundidades mortales de la vanidad. Para que los estudiantes puedan avanzar, es necesario que todos hagan un pacto de paz y armonía con su poderosa Presencia Yo Soy en esta misma hora, pidiendo a la amorosa Presencia que cargue sus mentes y mundos con la poderosa acción del fuego sagrado, que su santidad transforme sus vidas y que haga la más mínima perturbación de esa preciosa llama.

Es absolutamente esencial para los estudiantes, que se den cuenta que el mal uso de las energías que han sido derramadas con tanto amor por la jerarquía sobre sus seres, no sólo robarán de ellos las bendiciones que tienen a la mano, así como también impedir nuevos progresos, hasta que ellos logren consagrar nuevamente sus corrientes de vida como cálices de pureza y perfección de Dios.

La Poderosa Presencia Yo Soy de Dios quiere que cada gracia abundante seas disfrutada por sus hijos amados, por lo tanto, nosotros estamos listos y dispuestos para ayudar a cada discípulo en el sendero. ¡Escuchen el llamado, preciosos corazones, extiendan la llama de la Verdad a través de sus cuatro cuerpos inferiores, para resucitar toda esperanza divina latente en la quinta esencia de las corrientes de sus almas, es decir; de vuestra conciencia!

Debe haber vigilancia, visión y victoria en cada chela; hasta que todo vestigio de limitación mortal, sea transformado en la vestimenta luminosa de la gloria de Dios y pueda mantenerse de pie ante el altar de su Poderosa Presencia Yo Soy en la gloria de su ascensión.

Yo Soy un constante compañero en el sendero de tu discipulado.

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Viendo las Emociones a Través de la In-Permanencia

abrazo viejo

Viendo las Emociones a Través de la In-Permanencia

Cuando alguien te dice algo, que te hace sentir muy enojado y desearías que desaparezcan de tu vista; por favor observa intensamente con los ojos de la in-permanencia. Si él o ella se han ido, ¿Cómo realmente te sentirías? ¿Te sentirías feliz o estarías llorando? Practicando estos conocimientos internos, pueden ser de gran ayuda. Hay una Gatba o poema, que podemos usar para que nos sirva de asistencia:

Indignado en la dimensión final

Yo cierro los ojos y miro profundamente.

Trescientos años a partir de ahora

¿Dónde estarás tú y dónde estaré yo?

Cuando nosotros estamos indignados, ¿Qué es lo que nosotros generalmente hacemos? Nosotros gritamos, vociferamos y tratamos de culpar a alguien más por nuestros problemas. Pero viendo al enojo con los ojos de la in-permanencia, nosotros podemos hacer una pausa y luego respirar. Si nos encontramos indignados el uno con el otro en la dimensión final, sólo cerramos los ojos y observamos profundamente. Nosotros trataremos de ver trescientos años hacia el futuro. ¿Cómo te verás tú? ¿Cómo me veré yo? ¿Dónde estarás tú? ¿Dónde estaré yo? Nosotros sólo necesitamos respirar para dentro y fuera, ver mi futuro y ver el futuro de la otra persona. Nosotros sólo necesitamos mirar hasta los trescientos años, no más allá. Puede ser que cincuenta o sesenta años desde ahora, ambos ya hayamos muerto.

Mirando al futuro, podemos ver que la otra persona es muy valiosa para nosotros. Cuando nosotros sepamos que lo podemos perder en cualquier momento, nosotros ya no nos sentiríamos tan indignados. Querríamos abrazar a él o ella y decirle: “Qué maravilloso, tenerte vivo todavía. Yo estoy muy feliz. ¿Cómo podría estar tan enfadado contigo? Ambos moriremos algún día y mientras estemos todavía vivos y juntos, es una tontería estar enojados uno con el otro.”

La razón por la cual nosotros somos necios, lo suficiente como para hacernos sufrir y hacer sufrir a otra persona, es porque olvidamos que nosotros y la otra persona, ambos somos in-permanentes. Algún día, cuando muramos, nosotros perderemos nuestras posesiones, nuestro poder, nuestra familia, perderemos todo. Nuestra libertad, paz y regocijo en el presente, es la cosa más importante que nosotros poseemos. Pero sin un entendimiento despertado de la in-permanencia, no es posible ser feliz.

Algunas personas, ni siquiera quieren ver a una persona cuando todavía está viva, pero cuando la persona ha muerto, escriben elocuentes obituarios y hacen ofrecimientos de flores hermosas. En ese punto, la persona ya ha muerto y no puede realmente regocijarse con la fragancia de las flores nunca más. Si nosotros realmente hubiéramos entendido y recordado, que la vida sólo era in-permanente; nosotros haríamos todo lo posible, para hacer feliz a la otra persona, aquí y ahora mismo. Si nosotros empleamos veinte y cuatro horas para estar enojado con nuestro ser amado, es porque nosotros somos ignorantes de la in-permanencia.

“Indignado en la dimensión final, yo cierro mis ojos.” Yo cierro mis ojos, con el fin de practicar la visualización de mi amada; cien o trescientos años desde hoy. Cuando te visualizas con tu amada, dentro de trescientos años, tú sólo puedes sentirte feliz de estar viviendo ahora y que tu amada esté también viva hoy. Luego abres tus ojos y todos tus enojos se disiparán. Tú abres tus brazos para abrazar a la otra persona y al mismo tiempo practicas: “Respirando hacia adentro que tú estás vivo y respirando hacia afuera que tú estás muy feliz.” Cuando cierras los ojos para visualizarte a ti mismo y la otra persona dentro de tres cientos años, estás practicando la meditación de la in-permanencia; en la dimensión final, la indignación no existe.

El odio, también es in-permanente. Puede ser que en este momento el odio nos consuma y si sabemos que el odio es in-permanente, podemos hacer algo, para cambiarlo. Un practicante, puede tomar el resentimiento y el odio y puede ayudar a desaparecerlo. Exactamente como el enojo, cerramos nuestros ojos y pensamos, ¿Dónde estaremos dentro de tres cientos años? Con el entendimiento del odio en la dimensión final; este se puede evaporar en un instante.