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El cuerpo obedece a esta ley de perfección. Es inmune a ciertas manifestaciones inherentes a su belleza y en todo instante obedecen al modo de pensar del individuo. El hombre en ciertas edades, ni es consciente de flaquezas, el cuerpo obedece a una superioridad e invencibilidad innata, producto del modo sano de pensar. A medida que va pasando el tiempo, con la edad, el amor así mismo va decayendo hasta el extremo que el individuo, carece de seguridad en sí mismo y su modo de pensar se modifica y cambia, el cuerpo antes bello y hermoso, ahora es decadente y no refleja la ley del amor o de la vida, conduciéndolo hacia la muerte. La ley del amor es eterna, es dar mucho sin esperar en recibir, como lo es Dios. El hombre tiene que aprender a amar, puesto que es la única solución de desprenderse del ciclo de la reencarnación y por ende la liberación física, a una más real que es eterna y espiritual.


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