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Un día, cuando yo era estudiante de primer año de Secundaria, vi a un compañero de mi clase que estaba caminando de la escuela a su casa. Él se llamaba Miguel. Parecía que estaba cargando todos sus libros a su casa. Pensé para mí mismo, ¿A quién se le ocurriría traer a su casa todos los libros en un día Viernes? Posiblemente sea una de esas personas que les gusta estudiar mucho. Yo tenía planeado todo lo que haría en el fin de semana (fiestas y jugar fútbol con mis amigos el día de mañana por la tarde). Al verlo, yo encogí mis hombros y seguí mi camino

Cuando estuve caminando, vi a un grupo de muchachos corriendo en su dirección, lo atropellaron, empujaron haciéndole caer todos sus libros que traía en sus brazos y manos, a la vez le hicieron tropezar, por lo que él y sus libros fueron a caer al suelo aparatosamente. Sus lentes salieron volando por el aire y vi que éstos fueron a parar a unos 10 metros lejos de él, en el pasto. Él con desesperación miró hacia arriba y pude observar en sus ojos una terrible pena. Mi corazón se compadeció de él, corrí hacia él, porque se estaba arrastrando, tratando desesperadamente de encontrar sus lentes en el suelo. Vi como una lágrima empezó a recorrer por su rostro, se sentía muy triste. Luego de alcanzarle sus lentes, le dije: “Esos sujetos son unos patanes. Son personas que no tienen nada que hacer y solo viven haciendo bromas pesadas”.

Luego de mirarme, me dijo: “Muchas gracias”. Había una gran sonrisa en su rostro. Era una de esas sonrisas que verdaderamente demostraba agradecimiento. Le ayudé a levantar sus libros y le pregunté dónde vivía, al decirme la dirección, él vivía muy cerca de mi casa. A continuación le hice saber, como antes nunca le había visto si vivía tan cerca de mi casa. Por lo que contestó que anteriormente había asistido a un colegio privado, pero ahora estaba en una escuela pública junto conmigo. Hablamos durante el camino hacia su casa, le ayudé a cargar parte de sus libros. A simple vista, me pareció un muchacho excepcional. Le pregunté si le gustaría jugar un poco de fútbol con mis amigos del barrio. A lo cual él asintió alegre, que sí. Pasamos juntos todo el fin de semana y entre más lo conocía, más agradable me parecía, mis amigos pensaban lo mismo que yo.

El Lunes por la mañana, vi a Miguel cargando una enorme cantidad de libros con dirección a la escuela. Le hice parar y bromeando le dije: Mi querido amigo, vas a desarrollar grandes y fuertes músculos cargando diariamente ese montón de libros hacia la escuela. Solo se rió y me alcanzó la mitad de los libros. Los siguientes 4 años, Miguel y yo fuimos grandes amigos. Cuando estuvimos en el último año de Secundaria, empezamos a planear a que Universidad iríamos a estudiar. Ambos habíamos decidido ir a diferentes Universidades, estaríamos un poco distanciados, pero la distancia no sería un obstáculo, ya que siempre íbamos a ser buenos amigos.

Él iba a estudiar Medicina en la Universidad que escogió y yo iba a estudiar Administración de Empresas en una Universidad que me dio una beca para jugar fútbol. Miguel era el mejor estudiante de la clase durante los 4 años que estuvimos juntos, siempre le hacía bromas por ser muy estudioso. Por lo tanto fue escogido para dar el discurso de despedida al final del último año de Secundaria. Tenía que preparar lo que iba a hablar en la ceremonia de la Graduación.

Yo estaba muy contento que no tendría que ser yo quien debería pararse delante de tanta gente y hablar en el día de la Graduación. Miguel se veía fantástico en ese día. Era una de esas personas que se había encontrado así mismo durante la Secundaria. Se le veía muy bien con sus lentes. Él tenía más citas con las muchachas de la escuela que yo, todas estaban enamoradas de él. “Cómo lo envidiaba, a veces me sentía celoso de él”. El día de nuestra Graduación, era uno de esos días especiales. Yo podía ver que Miguel estaba un poco nervioso por el discurso que tenía que dar, entonces para animarlo, le di una palmada en la espalda y le dije: “No te preocupes mi querido amigo, vas a hacerlo magnífico”. Él me miró fijamente, con una de sus miradas características que me tenía acostumbrado (Aquellas realmente llenas de agradecimiento), “Gracias” me dijo. Antes de empezar el discurso, primero hubo un silencio en él, luego tosió para aclarar un poco su voz y cuando empezó dijo: “En la Graduación, es tiempo de reflexionar y dar gracias a aquellos que nos ayudaron a lograr sobrepasar los años difíciles. Entre ellos se encuentra nuestros padres, nuestros maestros, nuestros hermanos y hermanas, tal vez el entrenador de fútbol… pero especialmente nuestros amigos…

Yo estoy aquí para contarles a ustedes que ser amigo de alguien es el mejor regalo que se les pueda ofrecer a los demás. Les voy a contar una historia. Me quedé asombrado y desconcertado al ver a mi amigo, contar el primer día que nos conocimos. El había planeado suicidarse en ese fin de semana. Él contó cómo había limpiado cuidadosamente su armario y recogido todos sus libros y pertenencias, para evitar que su mamá vaya a la escuela y lo haga después, por lo tanto ese Viernes llevaba consigo todos sus libros a su casa. Me miró afectuosamente y me sonrió ligeramente. “Gracias a Dios, mi amigo me salvó de hacer lo indecible e imperdonable”.

La gente asistente, primero suspiró y luego respiró convulsivamente de alivio, como si hubieran tenido un nudo en la garganta, a la vez mirando al muchacho que era muy popular y buen mozo, el que estaba terminando de contar un secreto muy escondido, acerca del momento más difícil de su vida. Vi a su mamá y papá mirándome a mí, sonriendo con esa sonrisa característica de agradecimiento de la familia. Hasta ese momento, no había pensado en la profundidad de la amistad y sus acciones. Nunca subestimen el poder de sus acciones. Con un pequeño gesto, nosotros podemos hacer el milagro de cambiar la vida de alguna persona. Para bien o para mal. Dios nos pone unos a los otros para que nuestras vidas tengan cierto impacto, especialmente positivo. Siempre busquen a Dios en los demás.

“Amigos, son ángeles quienes nos levantan en nuestros pies, cuando nuestras alas tienen problema de recordar como volar”. No existe el principio ni el fin… Ayer es una historia. Mañana es un misterio. Hoy es un regalo. Vivamos HOY abundantemente.

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