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Iluminación

Cuando el alumno está listo, el profesor se presenta.

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Si hablamos y no concordamos con lo que estamos hablando es porque uno de ellos no está listo para recibir determinada información. “Cuando el alumno está listo, el profesor se presenta”, pero posteriormente entrará en la etapa de conocimiento cuando éste logre elevarse espiritualmente. El profesor se presenta con diferentes disfraces, formas, tamaños y muchas veces no lo reconocemos. Un día mi nieta de 7 años me dijo: “Papá, tu sabes que los perros son ciegos a los colores, solo ven en blanco y negro, no distinguen otros colores.” Para mí fue una sorpresa enorme aprender de una niña tan pequeña algo nuevo. A propósito de perros, tengo dos perritos en la casa, uno de ellos me demuestra un cariño, afecto y amor especial.

De vez en cuando juego con su inteligencia, (más bien creo que estoy jugando con la mía) le demuestro que estoy enojado, le doy una patada en el trasero, él se va corriendo, llorando, sorprendido, no sabe lo que está pasando, al mismo tiempo volteando la cabeza mirándome, esperando posiblemente que esto sea una equivocación mía, ya que él sabe y yo sé que lo quiero mucho, luego lo llamo por su nombre abriendo los brazos y manos para abrazarlo, el regresa hacia mí demostrando mucha felicidad, se olvidó que le acabé de patear el trasero, eso es perdón y amor sin límites, es amor incondicional, es como cuando Dios espera a una de sus ovejas descarriadas regresar hacia Él, eso es amor divino. En ese momento mi niñita y perrito son mis maestros ¡Ah, si pudiéramos ver con ojos divinos lo que está sucediendo a nuestro alrededor, seríamos sabios!

Deberíamos ser más observadores y ver que estamos rodeados de profesores en cada instante de nuestra vida, pero somos ciegos, además nuestra soberbia nos vuelve aún más ciegos. Si en lugar de darle la patada a mi perrito le doy a otra persona, me daría una paliza que nunca olvidaría, no me lo perdonaría, siempre estamos aprendiendo hasta de aquello que nos parece insignificante, continuamente debemos escuchar profundamente los latidos del universo.

A propósito, en estas últimas vacaciones, en verano aquí en Chicago sacaba a mis dos perritos al parque a correr, aquí hay parques inmensos donde tienen pistas para correr, campos de fútbol, campos de béisbol, además de juegos para niños. Los llevaba diariamente y en una semana ambos perdieron gran cantidad de peso, ellos corrían llenos de felicidad sin importarles de: perder peso, quemar calorías, correr determinadas millas, cuánto tiempo estuvieron corriendo, sudar y al regresar a casa no iban a pesarse para ver cuantos kilos bajaron, ellos solo corrían porque así se sentían felices, si nosotros los humanos hiciéramos lo mismo, muchos no tendríamos que usar buzos para sudar, relojes para saber cuánto tiempo estamos corriendo, aparatos que nos indiquen cuantas millas hemos recorrido, aparatos que nos indiquen cuantas calorías hemos quemado, balanzas para pesarnos y por último no estaríamos tan serios y preocupados por bajar de peso, lo único que necesitamos es ser felices cuando corremos o hacemos ejercicios.

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