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No existen jueces, es uno que se juzga así mismo

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No existen jueces, es uno que se juzga así mismo

Luego es conducido a un ser de semblante amable, generoso y amoroso que sonriente le da la bienvenida, siempre acompañado por su ser Crístico, luego es llevado ante el concejo kármico, al mismo tiempo está el ángel de los pergaminos, que tiene todos los actos archivados de esta alma. Todos estos seres son generosos y le brindan al alma todo su amor y comprensión, el amor profundo es lo que reina en estos seres divinos. Llega el momento de ser juzgado, pero no hay juez que lo juzgue, el ángel del pergamino abre su libro y en décimas de segundos, como en una película van pasando todos los actos que realizó en vida ante una inmensa pared y el alma es el juez de sus propias acciones. Analiza lo bueno y malo que hizo, luego es asignado a un plano donde va a estar encargado de aprender lo que debe hacer y prepararse en lo que falló durante las diferentes vidas anteriores; pues esta alma, tiene que completar el plan divino que diseñó cuando fue creada por el Padre Eterno; es su plan divino y solo pertenece a ella.

En ningún momento es reprendida y no es condenada, al contrario es animada para que se prepare mejor para la próxima reencarnación; se le asigna profesores que son encargados de prepararla, si es necesario en caso que califique para una nueva reencarnación. En este plano aunque el alma conserva las tendencias que tenía en el plano físico, poco a poco da paso a nuevas facultades de acuerdo al nivel que pertenece en el plano etérico, los conocimientos se agudizan, mostrando un gran amor hacia la libertad que goza en su nueva casa, especialmente si la persona experimentó cierto nivel de adelanto en la vida física, en este nivel se manifiesta una sensación indescriptible hacia todo lo bello y armonioso, que es la manifestación pura de Dios.

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