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La niña duerme

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La niña duerme

Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, hermano de Santiago. Cuando llegaron a la casa del dirigente, había gran bulla; unos gritaban, otros lloraban. Jesús dijo: ¿Porque ésta bulla? “La niña duerme.” Ellos se burlaron de Él. Pero Jesús los hizo salir a todos y llegó donde estaba la niña, acompañado por el padre, la madre y los que venían con él. Tomando la mano de la niña, le dijo: “ Talitá Kum”, que quiere decir: “Niña, a ti te lo digo, levántate.” Y ella se levantó al instante y empezó a corretear, pues tenía unos doce años. Había que ver el estupor que se produjo. Pero Jesús les ordenó severamente que no lo contaran a nadie y además mandó que dieran de comer a la niña. Aquí Jesús se enfrenta con la muerte de una joven, un ser llamado a vivir. Jairo era jefe de la sinagoga, o sea responsable de la comunidad local de la religión Judía.

Pedimos a Dios la salud, pero no nos atrevemos a pedir que resucite a nuestros muertos; porque consideramos la muerte, como la cosa más fuerte e insuperable de la condición humana; pero Jesús quiere enseñarnos que para Dios lo más fuerte y valioso no es la muerte, sino la vida. Los verdaderos muertos son aquellos que han ahogado y esterilizado todo lo bueno que Dios había sembrado en ellos, se han encerrado en su egoísmo y orgullo; se han negado a ser hijos de Dios y por eso, están para siempre muertos. “No teman a los que sólo pueden matar el cuerpo, pero no el alma” [Mateo 10:28].

La resurrección de Lázaro. Cuando Marta supo que Jesús venía de camino, salió a su encuentro, mientras que María permaneció en su casa. Marta, pues, dijo a Jesús: “Si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto. Pero cualquier cosa que pidas a Dios, yo sé que Dios te la dará” Jesús dijo: “Tu hermano resucitará.” Marta respondió: “Yo sé que resucitará en la resurrección de los muertos, en el último día.” Jesús dijo: “Yo Soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. El que vive por la fe en mí, no morirá para siempre.” ¿Crees esto? Ella contestó: “Si, Señor, porque yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que ha de venir a éste mundo.” Después, Marta fue a buscar a María. Le dijo al oído: “El Maestro está aquí y te llama.” Apenas lo supo María, se levantó y fue al encuentro de Jesús. Aun no había llegado al pueblo, sino que estaba en el lugar donde lo encontró Marta. Los judíos que estaban con María, consolándola en la casa, la vieron salir corriendo. Creyeron que iba a llorar al sepulcro y la siguieron. María llegó donde estaba Jesús. Al verlo cayó a sus pies y le dijo: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto.” Al ver Jesús el llanto de María y de todos los judíos que estaban con ella, se conmovió hasta el alma. Preguntó: ¿Dónde lo han puesto? Le contestaron: “Señor, ven a ver.” Y Jesús lloró.

Los judíos decían: “Miren cuanto lo quería.” Otros decían: “Si pudo abrir los ojos al ciego, bien podría haber hecho algo para que Lázaro no muriera.” Jesús, conmovido de nuevo interiormente, se acercó al sepulcro, que era una cueva tapada con una piedra. Jesús ordenó: “Saquen la piedra.” Marta, hermana del muerto, le dijo: “Señor, tiene mal olor, pues hace cuatro días que murió.” Jesús le respondió: ¿No te he dicho, si crees, vas a ver la gloria de Dios? Quitaron pues la piedra. Jesús levantó los ojos al cielo y exclamó: “Te doy gracias, Padre, porque has escuchado mi oración. Yo se que siempre me oyes. Pero hablo por los que están aquí, para que crean que tú me has enviado.” Al decir esto, gritó muy fuerte: ¡Lázaro, sal afuera! Y salió el muerto. Tenía las manos y los pies vendados, y la cabeza cubierta con un velo, por lo que Jesús dijo: “Desátenlo y déjenlo caminar.” Muchos judíos que habían ido a ver a María creyeron en Jesús cuando vieron lo que hizo. [Juan 11:20-45].

¡Lázaro vuelve a la vida! No nos quedemos maravillados porque Lázaro tuvo la suerte de vivir algunos años más y la mala suerte de tener que morir otra vez. Pero vemos que el milagro consiste no en la prolongación de la vida física, sino en la constancia de que la vida persiste y prosigue. En ambas acciones Jesús ilustró a la humanidad, que la muerte no existe y que la realidad de la vida es una continua saga. Nosotros vemos el milagro del nacimiento, nos inclinamos con reverencia, pensando de donde vino el alma del recién nacido; pero nos aterramos cuando vemos los restos inmóviles de alguien que fue a dormir en la vida eterna, cuando hizo su transición al infinito. Si, la evidencia realmente nos grita a nosotros, que no existe tal muerte. Es solamente vida moviéndose dentro de la vida.

Extraído del libro «Conciencia Espiritual»

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