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Iluminación

Cada motivo tiene su causa y propósito

Jesús y María Magdalena

Cada motivo tiene su causa y propósito

Con la información que la persona está adquiriendo hasta ahora, uno puede poner bastante atención a la vida que ha llevado hasta este momento y empezar a enmendar los errores ocasionados en sus vidas, corregir y ver como se está empleando el tiempo. Analizar lo bueno y lo malo de una manera educativa, ver el adelanto obtenido, trazarse metas. Hay que olvidarse de los remordimientos de conciencia, pues no conducen a nada. Encaminarse en la dirección deseada para así avanzar en el elevamiento. Hay que aprender las lecciones de la vida, ver cómo afrontar las pruebas y que éstas sean exitosas. Es necesario comprender que nada sucede porque si, todo tiene su propósito, cada motivo tiene su causa, nada sucede por casualidad, en cada instante de la vida hay algo útil que aprender, constantemente estamos sometidos a pruebas impuestas por uno mismo, la obsesión, el resentimiento, la ira, la carencia de auto estima, pueden ser suficientes motivos para estancar el avance espiritual. Cada día debe ser de aprendizaje.

La existencia del cuerpo etérico es encontrada en el Nuevo Testamento de una manera dramática, en la cual Jesús se les apareció a María Magdalena después de su entierro y también muchas veces a los discípulos. Jesús caminó al lado de ellos, hablaron con Él, pero no lo reconocieron. Jesús entraba por puertas que estaban cerradas y solo se dieron cuenta que era Jesús cuando se sentó a la mesa junto con ellos, después de partir el pan. Esto testifica claramente, que Él vino con un cuerpo de forma diferente, precisamente en un cuerpo etérico, el cual era de una vibración diferente a la que manifestó en vida, lo cual ellos temblaron al saber que durante los días anteriores, habían tenido profundas experiencias al estar con Él, pero que no podían verlo en ese tiempo. En caso contrario, ellos por seguro hubieran sido capaces de reconocerlo inmediatamente. Pero Jesús quiso no solo decirles que había resucitado, pero también con esto deseó demostrarles que la vida seguía, no solo después del lejano día del juzgamiento, sino inmediatamente después de la muerte terrenal.

Extraído del libro «Conciencia Espiritual»

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