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Conejo de india

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Conejo de india

Yo estaba siendo usado como “conejo de india”, estaban experimentando en mi y lo peor de todo es que tenía que pagar por eso, era el primer pionero de enfermedades alérgicas y estaba adquiriendo renombre en esta rama, usándome a mí como “pin cushion” (la almohada o almohadita donde las costureras ponen sus agujas de coser). Después de dos años y medio  decidí,  abandonar dicho tratamiento, durante este tiempo empecé a pensar en muchas cosas, entre ellas Dios no me dio este cerebro por gusto, me lo dio para usarlo, empecé a recordar, examinar mi vida en el campo, en mi pueblito de origen, donde existen todos los productos a los cuales ahora yo era alérgico.

Para mis adentros pensaba, que cuando era niño yo diariamente estaba rodeado de estos enemigos y no sentía efectos dañinos hacia mí. Siempre estaba rodeado de heno, grama, plantas, árboles, polvo, pelo de gatos, perros, animales en general, estaba en contacto directo con ellos y nunca sentí alergia o que me causen tanto mal a mi cuerpo. Podría decir, que todo lo que amaba cuando era niño, estaba martirizándome ahora cuando era adulto o quizá me estaban dando una lección por haberlos abandonado, ya que decidí venir a la ciudad, donde todo es cosmético, plástico, sintético, no es real. Empecé a ser más consciente de mí mismo, a encontrarme a mí mismo, a encontrar la respuesta dentro de mí, que el causante de todos estos males, no eran estos seres a quienes quería y amaba cuando yo era niño, sino que yo era el causante directo, que yo era el creador y podría decir que estaba pecando, por crear cosas contrarias a la voluntad de Dios, ya que su creación fue perfecta. Pedí perdón a Dios y a mí mismo, por ser creador de tanta imperfección, cuando uno perdona, lo hace por amor, ya que perdón y amor es lo mismo, son las acciones más sublimes del hombre porque ambos liberan.

Pero nada sucede por gusto o porque si, todo tiene su motivo, todo tiene su propósito, todo lo que uno hace, piensa, los conocimientos y sabiduría que se va adquiriendo, van conduciéndolo a uno hacia un estado más elevado de conciencia, hacia un sendero más amplio, más grande para el cual hemos venido al cuerpo físico. Todo tiene su razón, tiene correlación, sucede porque tiene que suceder y no es por el azar (no creo en ésta última) sino más bien es el cumplimiento de nuestro plan divino, el mismo que se está manifestando en la realidad, pero a veces nosotros no lo sabemos, este plan divino que nosotros mismos lo diseñamos y firmamos ante Dios y los seres angelicales.

Extraído del libro «Conciencia Espiritual»

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