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Iluminación

Ser buenos, casi ni pertenece al hombre.

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Ser buenos, casi ni pertenece al hombre

Diariamente estamos haciendo el papel de diablitos o diablitas actuando cada vez más como ellos o ellas, tarde o temprano nos convertimos en estos. Esto se ocasiona por nuestro libre albedrío y estamos satisfechos. Ese es uno de los motivos, por el cual, todavía permanecemos en el plano físico o material. Hay veces hasta nos causa gracia cuando alguien dice a otra persona “Ese es un diablo”, éste acepta y sonríe de satisfacción. Es común aceptar ser malo porque ser buenos casi ni pertenece al hombre. Ser malos es de hombres. Ese angelito y diablito de los que estamos hablando, no es más que el ego divino (angelito) y ego humano (diablito).

El ego divino es esa voz perteneciente a tu Ser Crístico o Maestro que diariamente nos está dando instrucciones y que siente alegría y satisfacción cuando hacemos bien y pena e incertidumbre cuando fracasamos en lo que debíamos haber hecho. El ego humano es aquél que constantemente nos está desviando de nuestro plan divino, el que nos hizo alejar de Dios, que se deleita consiguiendo cosas materiales, que busca satisfacción y reconocimiento entre los humanos, que goza haciendo alarde del elevamiento cultural y conocimientos alcanzados. Muchas veces usa su intelecto para lograr adquirir lo que se propone, se considera un intelectual y por ende usa su posición y prestigio como una arma. Sus conocimientos y habilidades hacen de ellos, personajes importantes en nuestra sociedad. Al final nada de eso es importante puesto que cuando deja de existir en el plano físico, todo se queda, lo demás es almacenado en el cuerpo etérico o de la memoria. El orgullo o ego juega trucos, hace de uno arrogante y déspota, usa sus conocimientos como arma de fuego.

Extraído del libro «Conciencia Espiritual».

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