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Representación de nuestro ser real


ochoRepresentación de nuestro ser real

Nuestro Ser Real es representado por el número 8. La parte superior representa a la imagen de Dios, la misma que es infinita, eterna y omnisciente. La parte inferior representa al cuerpo físico, la misma que es finita, limitada, pasajera, que se manifiesta en el espacio y tiempo del planeta tierra, que es decadente e impura, que sigue a una dualidad irreal e inexistente, que tiene a la muerte como su más preciado regalo o recompensa. El punto medio donde los dos círculos del número 8 se unen, es nuestro santo Ser Crístico, con el entendimiento y conocimiento de nuestro Ser Real, puro y divino, con una parte inferior cubierta de Maya, producto de la imperfección humana. La parte superior es conocida como la Conciencia Superior, la parte media es el Ego Superior, la parte inferior es el Ego Humano con todas sus imperfecciones.

Cuando la luz y energía de la conciencia superior pueda fluir y penetrar a través del santo Ser Crístico para luego cubrir y saturar el ego, nos mantendremos en un estado perfecto y original de pureza, que es la imagen real de Dios cumpliendo con el entendimiento, aceptación, conocimiento y obediencia de parte del ego a la voluntad de la conciencia superior. Caso contrario cuando el ego actúa por sí mismo, creando una nube de energía negativa, que dificulta el flujo de luz pura procedente de la conciencia superior, creando un olvido completo de nuestro Ser Real divino.

La energía de Dios es tan intensa que nos derretiría si llegara a nosotros directamente. El santo Ser Crístico es representado por nuestro Señor Jesucristo que sirve de intermediario junto con la Jerarquía de los Maestros Ascendidos, que son nada menos el cuerpo de Dios en el plano espiritual, sirven como transformadores que reducen la intensidad de la energía de Dios, para dar vida a todas las criaturas de nuestro planeta y entre ellos se encuentra la humanidad. Gran parte de esta energía cualificada y transformada se almacena en la cámara secreta del corazón, donde se encuentra la chispa de la vida simbólicamente representada como la llama trina. La llama trina es la acción y manifestación física de la divina presencia Yo Soy dentro de nuestro corazón, es representada como una espiral de energía muy intensa cuyo valor es el amor, sabiduría y poder, es un vórtice de luz envuelta en sí mismo la cual es capaz de transmutar el karma producida desde hace millones de años hasta la actualidad, es el fuego sagrado de Dios que nunca se extingue.

Las enseñanzas de los Maestros Ascendidos, nos hace recordar que fue Lucifer, un ángel de luz con su rebelión y caída, junto con Satanás y sus seguidores, usaron el planeta tierra como plataforma y campo de batalla, para perennizar su rebeldía a la autoridad divina de Dios. Estos se aprovecharon de la inocencia y pureza de los seres vivientes en la tierra, causando daños irreparables con el concepto erróneo de que eran ellos y no el Creador la fuente de sus creaciones. Las enseñanzas nos guía por el camino para así poder superar el manto y velo de Maya, con el conocimiento del verdadero nombre de Dios que es el Yo Soy el que Yo Soy, que unido a la Ciencia de
la Palabra Hablada, nos da una nueva oportunidad de crear en nosotros la verdadera imagen de Dios, convirtiéndonos en verdaderos centros de luz divina como fue en nuestro origen divino.

Una vez que hemos decidido emprender el camino de regreso a nuestro verdadero hogar, donde se encuentra Dios, al mismo tiempo hemos conseguido que los ángeles caídos o el enemigo se nos eche encima, a los que debemos derrotar interior y exteriormente porque estos no nos dejarán en paz hasta conseguirlo, pero en nuestra lucha no estamos solos ya que Cristo y los ángeles nos conducirán hacia el triunfo final. Cabe notar que el enemigo nunca ataca a aquellos que se apartan de Dios o que no tienen deseos de volver a Él, atacan aquellos que buscan y deciden volver a Dios, los mismos que son portadores de luz, a aquellos que conscientemente reconocen que es lo que deben hacer para merecer la ascensión y unirse al Padre Celestial, para lo cual laboriosamente buscarán transmutar su karma.

Extraído del libro «Conciencia Espiritual»

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