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Muerte, es oportunidad de rehacer nuestra conciencia humana.


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Muerte, es oportunidad de rehacer nuestra conciencia humana

Tenemos la oportunidad de usar este nombre sagrado, como creamos conveniente, uno es divino y otro es humano. Ambos viven dentro de nosotros, tenemos la autoridad de usarlos, vivirlos, uno brindará felicidad y armonía, en cambio el otro brindará frivolidades, ilusiones y muerte. Lo que llamamos muerte, es simplemente una oportunidad para rehacer en armonía nuestra conciencia humana. De esta manera liberándonos de las confusiones y contrariedades en el planeta tierra, luego de este descanso lograr el suficiente conocimiento y experiencia para de nuevo volver a la vida física. El motivo de la reencarnación física es con el fin de saturar de luz este cuerpo físico hasta el extremo que se compenetre con la divina presencia de Dios.

La divina presencia es de una sustancia electrónica pura, su luz es muy resplandeciente, capaz de desintegrar toda imperfección y limitación humana. Por medio del amor y veneración hacia la divina presencia, el hombre logra obtener una libertad incondicional de todas las imperfecciones siendo consciente de su divinidad. Cuando el hombre ha logrado elevarse en vibración, obteniendo su libertad de todo lo indeseado, puede conscientemente liberar cantidades extraordinarias de luz y ejercer control sobre toda acción y efecto que está afectando a su alrededor. La ley primordial de la vida es el amor. El amor se manifiesta en armonía, paz y felicidad. Cuando hay armonía, paz y felicidad se dice que hay belleza en todos los aspectos, la manifestación natural es sabia. El amor hace de nuestro modo de pensar en cierta manera que somos invulnerables, todo es perfección.

El cuerpo obedece a esta ley de perfección. Es inmune a ciertas manifestaciones inherentes a su belleza y en todo instante obedecen al modo de pensar del individuo. El hombre en ciertas edades, ni es consciente de flaquezas, el cuerpo obedece a una superioridad e invencibilidad innata, producto del modo sano de pensar. A medida que va pasando el tiempo, con la edad, el amor así mismo va decayendo hasta el extremo que el individuo, carece de seguridad en sí mismo y su modo de pensar se modifica y cambia, el cuerpo antes bello y hermoso, ahora es decadente y no refleja la ley del amor o de la vida, conduciéndolo hacia la muerte. La ley del amor es eterna, es dar mucho sin esperar en recibir, como lo es Dios. El hombre tiene que aprender a amar, puesto que es la única solución de desprenderse del ciclo de la reencarnación y por ende la liberación física, a una más real que es eterna y espiritual.

La vestimenta de la muerte es aquella que ha pasado al desuso, no tiene ninguna contribución más que hacer, para la elevación y perfección del individuo en determinada vida. Lo único que la naturaleza está haciendo en este momento es cumplir con algo, como deshacer todas las facultades y limitaciones, que hace de este cuerpo que no tiene la capacidad consciente de decidir por sí mismo, sobre como manifestar la belleza y perfección de la vida y así tener otra oportunidad de elevarse mediante la reencarnación. Es un sentimiento de egoísmo, cuando uno muestra aflicción por la muerte de un ser querido, puesto que ata y no deja al alma expresar la libertad que debería gozar. Demostrar aflicción y pena por esta pérdida, es un acto de poner resistencia sobre la ley de la vida, que constantemente está en acción, reciclándose y creando nuevas vidas, con mayores oportunidades de crecimiento y expansión

Extraído del libro «Conciencia Espiritual»

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