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Diariamente vivía decretando su muerte

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Diariamente vivía decretando su muerte

Tenía un amigo que se llamaba TOM, (Tomás) él era una persona fuerte y robusta, de gran talla, alto, pero él tenía un gran defecto, constantemente estaba diciendo que el cambio de temperaturas le afectaba, vivía con el terror de la muerte, de por sí el sudaba mucho, puesto que no ingería comidas con sal, por supuesto que esto es bueno ya que la sal es muy dañina. Era joven en sus treintas, él laboraba junto conmigo como electricista en una fundición muy grande aquí en Cicero, Illinois, como es sabido las temperaturas que se usa en los hornos para fundir el metal son muy elevadas, el promedio es de 2,400 grados Fahrenheit.

A veces estábamos laborando en estas temperaturas y luego teníamos que salir a temperaturas opuestas, especialmente en invierno donde las temperaturas llegan a veces 20 grados bajo cero (Fahrenheit). A mi amigo no le gustaba estos cambios tan repentinos, vivía y decía que temía morir y que él moriría así, vivía obsesionado con ese pensamiento, casi diariamente lo estaba diciendo (decretando) y creía lo que estaba diciendo, por lo tanto evitaba estos contrastes, muchas veces yo lo ayudaba haciendo labores que él quería evitar, yo comprendía su situación, había bastante comprensión entre nosotros, yo no tenía ningún inconveniente en ayudarlo de esa manera, puesto que ambos laborábamos bien en conjunto, como equipo, había cooperación entre nosotros. Estuvimos laborando por un espacio de más o menos 10 años, hasta que un día decidió buscar otro empleo donde iba a ganar más, por supuesto en otra fundición de metal.

Hasta que un día, un amigo común de ambos, me dio la mala noticia de que TOM había muerto, estuvo laborando en un horno de alta temperatura y luego salió a una temperatura opuesta, lo cual le causó un ataque fulminante al corazón, murió instantáneamente de lo que él más temía, se cumplió al pie de la letra lo que siempre estaba vaticinando, él lo sabía, no podía ser de otra manera, lo estaba diciendo a los cuatro vientos, estaba pidiendo y recibió lo que estaba pidiendo. Un amigo joven, lleno de vida, pero que tenía un gran defecto y que él no lo sabía, estaba decretando su muerte tal como lo veía en su interior, en su mente, en su corazón, por eso tenemos que tener cuidado con lo que estamos decretando diariamente, estamos dándole vida a nuestras palabras y pensamientos, estamos poniendo en acción y movimiento a creencias que van a hacerse realidad tarde o temprano y entre más fuerza le pongamos más pronto se hará realidad.

Extraído del libro «Conciencia Espiritual

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