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Para perdonar, primero tenemos que perdonarnos

Juventuddd

Para perdonar, primero tenemos que perdonarnos

“Perdono pero nunca olvido”, es el dicho, mientras no olvide no está perdonando, puesto que está muy dentro de uno. Para perdonar, primero tenemos que perdonarnos a nosotros mismos, porque de lo contrario no tendríamos la facultad de perdonar a otros, solo con una conciencia limpia y pura, lograremos nuestro objetivo, además perdonar es divino y si empezamos a tener resultados en nosotros mismos, entonces podemos tener resultados en los demás.

Tenemos que tener una mente sana, para tener un cuerpo sano. Cuantas veces nos estamos mirando en el espejo y de repente notamos una arruguita alrededor de los ojos, y le damos importancia, le ponemos atención, luego tratamos de hacerla desaparecer por medio de los cosméticos (esconderla, taparla). Pero luego cuando nos quitamos el maquillaje, la bendita arruguita nos está esperando, como diciéndonos aquí estoy todavía, al mismo tiempo pensamos, he empezado a tener arrugas, esta que era solo una, va y le dice a otra, mira hay una persona allá que no le gusté pero me prestó atención, vamos a ver la reacción cuando vea que ya no es solo una, sino dos, luego tres, cuatro, toda la cara, estoy vieja (viejo) se dice para sus adentros y empieza a creer realmente que es vieja o viejo.

Debemos recordar que la juventud es la semilla plantada por Dios en el ser humano, pero de una forma divina. Juventud es la divinidad dentro del hombre, juventud es la vida espiritual, la vida hermosa y bella, aquella vida que vive y ama eternamente. En cambio la vejez no es espiritual, es mortal, fea e irreal. Pensamientos de temor, dolor, pena, angustia, crea la fealdad llamada vejez. Pensamientos de júbilo, amor, felicidad, crea la belleza ideal, llamada juventud. La edad es solo una cáscara o apariencia dentro de una inmensidad de mentiras de la realidad, es como se siente uno dentro de sí mismo lo que vale. Hay que practicar para adquirir la conciencia de los niños. Debemos visualizar el niño dentro de  nosotros mismos; aquel cuerpo espiritual siempre lleno de juventud, júbilo, belleza y hermosura

Extraído del libro «Conciencia Espiritual»

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