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Iluminación

Debemos ser magnánimos con nosotros mismos

PARAISO

Debemos ser magnánimos con nosotros mismos  

Debemos ser magnánimos con nosotros mismos, tenemos que saber entonar nuestras emociones, pensamientos, acciones, palabras y sonidos de nuestro cuerpo. El ritmo debe estar asociado con el cuerpo, las melodías con las emociones y la armonía con el elevamiento espiritual. Existe cierta relación recíproca entre la forma física del cuerpo humano y las vibraciones del espíritu, porque se dice que el hombre es solo un espíritu denso o rebajado, o sea cuando el hombre pecó, cayó a un estado muy bajo de conciencia en su creación. En las antiguas filosofías y religiones se creía que el alma era una porción individual de Dios y fue atraída a las experiencias y sensaciones de la naturaleza animal, quedando atrapado allí, creó su identidad con la naturaleza animal y luego se olvidó de su origen divino.

Todas las enseñanzas en las escrituras, son basadas en el esfuerzo del ser humano de deshacerse del instinto animal y encontrar la parte divina que existe dentro de él, que es una herencia que le pertenece, ya que fue creado a imagen de Dios. El hombre con sentimiento animal, convirtió a este en un ser posesivo, arrogante, cruel, anhelante de satisfacer sus necesidades físicas. Teniendo el poder del pensamiento, tenía la habilidad de imaginar sus deseos carnales más profundos de su naturaleza animal y en el proceso fue perdiendo sus deseos espirituales como expresiones de amor, lealtad, servicio y respeto a sí mismo y a los demás.

Cuando el hombre desobedeció a Dios, comiendo la fruta prohibida, hasta ese entonces vivía en paz, con el uso de su libre albedrío escogió comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, cortó por completo la relación íntima entre él y su Creador. Su mente lo llevó hacia terrenos desconocidos por él, su conciencia lo llevó a áreas de deseos descontrolados, percepciones equivocadas, anhelos errados e instintos animales, lo que ocasionó una separación sin esfuerzo de su existencia divina, cuando fue arrojado del paraíso terrenal, se dio cuenta lo que había perdido y decidió que tenía que encontrar su naturaleza divina, mediante el sufrimiento y el buen juicio del ejercicio de su libre albedrío, un viaje largo y escabroso que tomaría gran esfuerzo y decisión.

Extraído del libro «Conciencia Espiritual»

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