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Programación

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Programación  

Recuerdo, cuando recién nos casamos, mi esposa y yo salíamos de compras, al trabajo, a la escuela, a la Iglesia, o de paseo; si el día estaba nublado, lloviznando, lloviendo, o empezaba a nublarse, los rayos y truenos empezaban a entrar en actividad, ella no podía salir sino estaba equipada con su paraguas, botas, bastante ropa, abrigo especial contra el agua para no mojarse; ya que aquí en Chicago llovía mucho en tiempo de verano, ahora en invierno también llueve, (antes no había lluvia en invierno) el clima está cambiando mucho en esta y en todo el mundo.

Ella procuraba no mojarse el pelo cuando llovía y cada vez que se mojaba, le daba un resfriado, cogía la gripe y si estaba con gripe, no debería acercarme mucho hacia ella, porque iba a contagiarme. Por supuesto, cuando ella estaba con la gripe, yo hacía todo lo contrario a sus recomendaciones, me acercaba más hacia ella, cosa que me reprochaba, si estornudaba, no le hacía caso, cuando estaba lloviendo yo salía sin paraguas y regresaba bien mojado, lo cual ella ponía el grito al cielo.

Cada vez que estaba nublado, lloviznando e inclusive estaba soleado, cuando ella no sacaba su paraguas, yo me ofrecía de voluntario y traía conmigo dicho paraguas, le hacía saber que no podía salir sin él, de lo contrario se iba a mojar la cabeza, después tendría que atenerse a las consecuencias de tener la gripe y posiblemente catarro. Muchas veces, yo llevaba el paraguas por si acaso. En la casa había de diferentes tipos y colores, estos no podían faltar en nuestro ropero. A ella no le empezó a gustar mis reacciones acerca de dichos paraguas, constantemente se molestaba y me lo hacía saber que eso no era un juego, por supuesto, yo no le hacía caso, recordaba como en mi pueblito con otros niños salíamos a la calle a jugar cuando llovía y a ninguno le daba la gripe y nadie usaba paraguas, primero porque no lo necesitábamos y segundo porque no había dinero para comprarlo.

Por supuesto, ella veía que muchas veces yo salía y regresaba mojado, pero no me daba la gripe, me imagino que posiblemente ella empezaría a recapacitar, puesto que los resultados en ambos eran diferentes, inclusive después que llovía, en el pavimento siempre había charcos de agua, empezaba a saltar sobre ellos lo que me causaba diversión y alegría cuando el agua se esparcía en diferentes direcciones; es cuando salía a relucir el niño que estaba y está dentro de mí

Extraído del libro «Conciencia Espiritual»

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