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Tus pecados te quedan perdonados

tus pecados te son perdonados

Tus pecados te quedan perdonados

Jesús subió a la barca y se fue por mar a su Ciudad. Allí le llevaron un paralítico, tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: “Hijo, ten confianza, tus pecados te quedan perdonados” Entonces algunos de los maestros de la ley pensaron: ¡Qué manera de burlarse de Dios! Jesús, que veía sus pensamientos, dijo: ¿Por qué piensan mal? ¿Que es más fácil decir: Te perdono tus pecados, o levántate y anda? Sepan entonces que el Hijo del Hombre tiene poder sobre la tierra para perdonar los pecados. Y dijo al paralítico: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.” Y el paralítico se levantó y se fue a su casa. La gente quedó muy impresionada, reconoció la grandeza de Dios, que había dado tanto poder a los hombres [Marcos 2:4-12]. Esto último, no solo se refiere a Jesús, sino a todos los hombres en general, todos tenemos la facultad de perdonar, Jesús nos enseñó y demostró muchos dones, solo nos queda a nosotros ponerlos en práctica, para así la grandeza de Dios sea manifestada diariamente.

En este pasaje, implica que el paralítico estaba sufriendo este mal porque tenía que saldar cuentas con su karma o pecados de lo contrario Jesús no hubiera dicho “Tus pecados te quedan perdonados.” Además, él era paralítico y reencarnó para vivir así en esta vida, por los pecados que él cometió anteriormente, fueron los causantes de que él tuviera esa enfermedad o simplemente Jesús hubiera dicho tu enfermedad sea curada. Nuestros pecados son los causantes que vivamos en la pobreza, en el abandono, con enfermedades y que tengamos accidentes; estos han sido creados con nuestro proceder para con los demás y por supuesto tiene que volver a nosotros, lo que se hace se paga, estos son el producto de causa y efecto que hemos sido capaces de poner en movimiento; ya sea por nuestro karma, una mala vida; o nuestra dharma, una vida llena de privilegios. Estos regresan hacia uno, de la misma forma como fueron enviados.

Extraído del libro Conciencia Espiritual.

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