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Iluminación

Una persona feliz y sonriente es un ejemplo a imitar

monge sonriente

Una persona feliz y sonriente es un ejemplo a imitar

Es contrario a todo aquello que antiguamente los religiosos fomentaban, que para tener paz interna era necesario tener rostros sombríos, sin sonrisas en sus labios, con rostros pálidos y expresión como si estuvieran cargando en sus hombros la cruz de la humanidad. Una persona feliz y sonriente crea una mente llena de sabiduría capaz de vencer cualquier obstáculo que se le presente en el camino, al mismo tiempo infunde credibilidad en los demás, es un ejemplo a imitar, sirve de guía para los demás, crea un ambiente de bienestar en la humanidad.

El servicio hacia los demás debe ser desinteresado, no debe existir de por medio un interés de reconocimiento, halagos, aplausos, con diplomas o placas donde conste la magnanimidad del sirviente, que sea publicado en las noticias o periódicos, nada de eso sería servicio, ya que estamos consiguiendo nuestro premio por medio de la adulación, si es así y lo aceptamos, solo estamos logrando servir para satisfacer nuestro ego, ese servicio por más noble y que beneficie a las personas, comunidad, pueblo o nación, no es un servicio, ya que existe intenciones escondidas y personales que busca ser reconocido por los demás, con dicha actitud, ya ha sido premiado o recompensado moral, pero no espiritualmente.

Con el adelanto tecnológico, social, cultural y especialmente filosófico, la humanidad empezó a desviarse del valor real, el porque estamos en la vida física, el propósito y motivo fundamental de nuestra existencia, nos olvidamos, confundimos, nos hicieron confundir de nuestra misión en la vida y de nuestro ser real, que ni siquiera es físico o material. Vivimos deseando y acumulando cosas materiales para que otros reconozcan el adelanto alcanzado en la sociedad, deambulamos, vivimos soñando despiertos y lo hemos confundido todo, hemos puesto en movimiento acciones buenas y malas mediante nuestras palabras, pensamientos y acciones que están afectando a los demás pero especialmente a nosotros mismos y lo peor es que no estamos conscientes que nosotros somos los causantes de todas las desdichas y desgracias que está pasando a nuestro alrededor.

En el universo existe equilibrio en todo lo creado, poco a poco nuestras acciones están teniendo efecto en ese equilibrio; toda acción tendrá su reacción o retribución, no puede ser de otra manera, es una ley inmutable; nuestro cuerpo emocional o del deseo nos tiene atado a lo físico. Vivimos diariamente deseando miles de cosas, estos deseos cobran vida y se manifiestan como estamos pensando; a la vez habrá una reacción que tratará de mantener el balance, creando efectos contrarios a lo que estamos deseando. Tenemos que aprender a vivir como la naturaleza, un equilibrio total que es de Dios; a propósito, nosotros estamos desequilibrando a la naturaleza, esta se resiente y nos manda catástrofes, terremotos, huracanes, sequías, inundaciones; en cierto modo nosotros somos los causantes de todo esto, deberíamos ser colaboradores con la sabiduría de la naturaleza. Debemos ser colaboradores, pero positivamente, para que la madre naturaleza no nos castigue, como siempre solemos decir.

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