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La ley del karma es la justicia divina.

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La ley del karma es la justicia divina

Recordemos los proverbios Cristianos de: “ojo por ojo y diente por diente” [Mateo 5:38], “con la vara que mides, serás medido” [Mateo 7:2], “el que a hierro mata, a hierro muere” [Mateo 26:52]. La ley del karma hace justicia en toda la creación, esta es una ley inmutable e implacable, en todas las religiones se le conoce como justicia divina, el que no acata y obedece la ley, produce miseria, pobreza, dolor y sufrimiento para sí mismo. Todo lo bueno que hagamos será recompensado y lo malo que hagamos tendremos que pagarlo. Dios nos brindó un regalo especial que es el libre albedrío, pero seremos responsables de nuestras acciones, sean buenas o malas ante el concejo kármico, quienes están al tanto de nuestro comportamiento en todas las existencias desde la primera vez que hemos venido al plano físico.

Tenemos que tener conciencia sobre la ley divina o cósmica del karma, es imperativo que sepamos esta ley, para así ver en nosotros cuando estamos creando karma así mismos. Sin nos tratan mal es porque antes hemos tratado mal a alguien, si nos odian es porque hemos odiado, si nos hieren es porque hemos herido, si tenemos accidentes es porque hemos causado accidentes a otros, sí nos roban es porque hemos robado, somos medidos con la misma vara que hemos medido. El karma es la medicina para nuestra alma. Esperamos que nuestro cónyuge nos sea fiel en el matrimonio, pero sin embargo somos infieles, anhelamos y reclamamos amor pero somos desamorosos, queremos compasión pero hemos sido despiadados y crueles, queremos ayuda pero nunca ayudamos a nadie, anhelamos riquezas, comodidades y bienestar pero hemos sido la fuentes de muchas injusticias, queremos vivir en un hogar magnífico lleno de comprensión y amor, cuando no hemos sabido amar, comprender y ni siquiera supimos mantener un hogar. Exigimos que nuestros hijos nos respeten, obedezcan y nos quieran, cuando ignoramos éstos con nuestros padres, en fin queremos ser merecedores de algo que nunca hemos sido capaces de dar. En vidas anteriores hemos sido despiadados e inhumanos y merecemos que sean así igual con nosotros, pero creemos que debemos recibir siempre lo  mejor.

Cuando la ley cósmica cobra sus deudas, creemos que no somos deudores a la vez que no somos culpables; blasfemamos contra Dios de ser un injusto, pero tenemos que tener en mente que esta ley no cobra a nadie algo que no merece, cada uno recibe lo merecido. Vemos que las cárceles están repletas de reos inocentes, individuos que están pagando deudas de delitos o fechorías de vidas anteriores, muchos de ellos inclusive han sido ejecutados “erróneamente” según la justicia humana o el clamor de la gente, pero ante la justicia y ley divina nadie se escapa o recibe algo que no merece, todos recibimos según nuestras obras. Unos nacen con todas las comodidades, no padecen de nada y son personas exitosas; otras no tienen nada y son mendigos; otros son ricos y no pueden comer lo que se les apetece por alguna enfermedad o dolencia que se los impide; en cambio hay pobres que son muy fuertes y saludables. La ley da a todos según sus obras.

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