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La Reencarnación: Dios, no solo nos da una oportunidad para triunfar, nos da muchas

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La Reencarnación

Dios, no solo nos da una oportunidad para triunfar, nos da muchas

La reencarnación nos brinda la oportunidad de decidir qué acción debemos tomar y así cambiar nuestro futuro. La reencarnación, implica que el alma viene al plano terrenal muchas veces, para experimentar la vida física a través de una variedad de condiciones y circunstancias. Para algunos, esto representa un ciclo grotesco en la cual el alma está atrapada, para otros, estos ven como un maravilloso plan divino en el que ofrece la gran oportunidad de expansión de nuestra conciencia y corregir lo que se tiene que corregir. Dios no solo nos da una oportunidad para fracasar, nos da muchas, hasta que con la repetición logremos hacer lo correcto.

En casi toda cultura, en sus enseñanzas creen en la reencarnación. En las religiones del Este esta creencia es aceptada, en el Oeste, las religiones no quieren tocar ninguna discusión acerca de la creencia en la reencarnación, niega y califica a la doctrina reencarnacionista como una fantasía. Probar la existencia de la reencarnación es un problema muy personal, lo que constituye prueba para muchos, no tiene credibilidad para otros y esto es correcto puesto que vemos ambas opiniones en religiones, doctrinas e inclusive en enseñanzas espirituales.

La ciencia tiene variados ejemplos sobre la realidad de la reencarnación, pero se ha abstenido, debido a que no han querido contradecir el concepto dogmático de la ciencia, por temor a represalias o consecuencias teológicas. Es por eso que la idea de la reencarnación, se reduce solo a una creencia y no a una realidad. En el occidente el cristianismo, es especialmente el oponente más acérrimo para aceptar el concepto de la reencarnación. Inclusive, cuando se les muestra que en la Biblia, existen vestigios de que en los inicios del cristianismo, se tenía y se aceptaba el concepto de la reencarnación, que después fue eliminado de esta mediante los concilios, especialmente en el quinto concilio y el segundo en Constantinopla realizado en el año 553, el mismo que no fue presidido por el entonces Papa Virgilio, el mismo que fue detenido en Roma en contra de su voluntad, por el Emperador Justiniano I

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