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Iluminación

La Vestidura de la Conciencia del Señor

La vestidura de la conciencia del ser

La Vestidura de la Conciencia del Señor

Cuando se hizo a sí mismo el cordero de sacrificio [Juan 1: 29] y permitió que lo crucificaran, fue para que se pudiera reforzar una mayor concentración de energías cósmicas en el cuerpo del planeta y en el cuerpo de todos los que alguna vez evolucionaran en este hogar planetario. Por el ritual de la crucifixión, él aumentó la acción de la luz mediante la cual todos los que le siguieran en la regeneración [Mateo 19: 28] podrían obtener la mayor gloria de la resurrección de entre los muertos. Y esta resurrección de entre los muertos, es la resurrección de entre la conciencia muerta del pecado, de la separación de Dios, de la existencia fuera del orbe de la Realidad.

“Porque – dijo Pablo – somos sepultados junto con él en la muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en Vida nueva” [Romanos 6: 4]. Cuando unimos nuestra conciencia y nuestro ser con los de Jesús el Cristo, nos ponemos la vestidura de la conciencia del Señor y de su experiencia en los planos de la Materia; y, por la gracia de Dios, se nos permite experimentar esas iniciaciones que él pasó, para que nuestras almas se reunieran con la llama de Dios.

“Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que sea destruido el cuerpo del pecado, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado” [Romanos 6: 5-7]. Ahora llegamos al plano de la iluminación del Buda. Ahora vemos lo que se destruye en el bautismo del espíritu Santo y del fuego, es el cuerpo del pecado [Mateo 3: 11].

¿Hay algo inherentemente maligno en el cuerpo físico del hombre, de la mujer, el cual Dios ha moldeado como templo del Espíritu Santo? ¿Es la carne malvada de por sí y debe ser condenada a muerte? Ni la carne, ni la piedra, ni la ramita torcida se pueden considerar como algo inherentemente malo. Lo que es maligno es la conciencia que elige por el libre albedrío abrazar las tinieblas, generar un velo energético que inhibe a la vida; la verdad, el amor, la libertad y todo lo que es íntegro y sagrado.

Así, el cuerpo del pecado que queda destruido, no es la forma carnal, sino que es una masa conglomerada de energía cualificada erróneamente, que ha sido denominada el morador del umbral y el cinturón electrónico y que consiste de las maquinaciones; de las tergiversaciones malignas de la Vida que han sido generadas por lo que se conoce como la mente carnal [Romanos 8:7].

“Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.” Esta enseñanza de Pablo sólo se puede entender a la luz de la definición que hemos dado a la muerte, como el cese de todo lo que es irreal, incluyendo el pecado y la conciencia del pecado. Porque sabemos que el cese de la vida en la forma física, no libera necesariamente al alma del pecado. Pues está escrito acerca de aquellos que salen de un plano y entran al siguiente: “Y el que es inmundo, sea inmundo todavía” [Apocalipsis 22: 11]. Sabemos que la liberación del pecado, no llega hasta que no se haya cumplido toda jota y tilde de la ley” [Mateo: 5: 18].

Por consiguiente, la muerte de la que habla Pablo, es la muerte de la conciencia del pecado que es consumida por el fuego sagrado en la hora del juicio; la hora del regreso de todas las energías de las tinieblas y de la luz, la hora del ajuste de cuentas de esas energías que el Yo Crístico, junto con los Señores del Karma, hacen a favor del alma. Cristo no está muerto. ¡Está vivo por siempre jamás!

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