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La Meditación como un Hábito

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 La Meditación como un Hábito

Queridos Amigos en el Sendero de la Luz:

En estos días difíciles, probablemente no exista mayor urgencia en la vida; el de crear un hábito efectivo de meditación. A pesar de que muchos hombres sienten una independencia de Dios, el hombre verdaderamente es una manifestación del Padre. Por lo tanto, cuanto antes este alinee su vida con la voluntad divina, más pronto él encontrará la emoción de estar viviendo y siendo el Cristo de Dios.

Kutumi ha escrito algunas maravillosas enseñanzas concernientes a una efectiva meditación. En el volumen 11, Número 18 de las Perlas de la Sabiduría; él tiene ciertas enseñanzas para compartir:

A través de todo el mundo los hombres ensalzan la meditación como un medio de auto-realización – a nirvana, como un triunfo del individuo en su relación con Dios. Las meditaciones toman muchas formas, pero cuando toma la forma del meditador y trae a este dentro del horno ardiente del amor de Dios; hacia la vasija que resiste el fuego de la voluntad de Dios, hasta la fuente de la iluminación que este debe beber, hacia el manto del servicio que tiene que dar, hacia la expresión de la abundancia de la naturaleza en su vida; la cual purifica mediante la meditación y libera los deseos in-ordinarios; entonces y solo entonces, pueden los Maestros Ascendidos y Jerarquía Cósmica usar al individuo en toda su capacidad.

Yo hablo de meditaciones que son como los individuos quienes tienen miedo de mojarse. Ellos cuelgan sus pies en el océano, temerosamente, brevemente y siempre se preparan a correr de las olas desbordantes. La meditación, entonces debe entrar con el deseo de ir donde Dios va.

Primero, uno tiene que tener la seguridad en sí mismo. La antigua máxima: “Hombre, conócete a ti mismo” es la llave de la espiritualización del ser que debe ser conocido, para que este pueda ser transformado. Por lo tanto, uno debe aquietar las condiciones vibratorias, las olas del sentimiento y pensamiento que acechan en todas partes en la atmósfera que trata de inquietar al individuo. Una vez que ha logrado aquietar el torbellino de la mente, sentimientos, pensamientos de los demás, acerca de sí mismo, sobre los hechos que uno ha realizado sobre algún herido, después que los lamentos son apaciguados y la mente es vaciada de su contenido negativo; recién está preparado para iniciar el proceso de alimentar el ideal divino.

Ahora una vez más la mente tiene que ser apaciguada; nuestros motivos deben ser reexaminados. ¿Porqué yo estoy meditando? Yo estoy meditando sobre Dios porque así puedo convertirme en algo semejante a Dios. ¿Es Dios indiferente de todo el mundo o simplemente es inaccesible? Si Dios es indiferente de todo el mundo, entonces por supuesto, el resultado de la meditación sería hacer que el devoto también sea indiferente; creando así un esnobismo espiritual. Pero si Dios es sólo relativamente inaccesible para el mundo, porque los hombres no pueden llegar hasta él; este hecho no debe interferir con el curso normal de la meditación del hombre, siempre y cuando, él no trate de  transmitir a los demás toda la nobleza interna y los dones espirituales de los conocimientos impartidos a él en sus meditaciones.

Todo lo que es recibido en la meditación privada, no está destinado a ser copiado o ser convertido en un conjunto de criterios académicos; para gobernar el despliegue espiritual de los demás. La mayor parte del entrenamiento interno es dada para alisar los pliegues de la propia naturaleza a fin de que esta pueda, ante los ojos del Padre celestial, hacer una cosa y una sola cosa, y esto es, el reflejo de Dios. El requerimiento para uno, no es necesario para otro, porque mientras haya disturbios en el mecanismo receptor o rasguños en la superficie del espejo de la mente y del corazón, cada anomalía, cada arruga; necesariamente hará una imagen imperfecta.

La meditación, entonces, sirve para calmar las tormentas que azotan a la misma persona; que fomentan maya en el estado de la conciencia. Esto es purificar y pacificar la atmósfera del pensamiento, para que los hombres puedan darse cuenta de que todas las cosas menos que divinas; simplemente no son divinas (sin embargo, los hombres han impregnado a ellas con sus propias ideas y realidades objetivas).

Ahora el hombre debe reconocer al Espíritu del Señor que sopló el viento. Lo invisible deberá convertirse en visible ante él. Él debe contender con las sutilezas y las insinuaciones cósmicas. Deberá reconocer las murmuraciones de la voz de Dios que le enseñan el significado del amor – “Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.” El hombre debe convertirse en un instrumento de todo lo bueno (todo de Dios) para todos los hombres; pero él debe percibir como lo hace Dios y que él no puede siempre más que irradiar su logro suavemente; imperceptiblemente en el universo. Forzar sus opiniones y descubrimientos en los demás, puede ponerlo en una posición de ser el blanco de mucho resentimiento.

El discípulo que medita en Dios debe aprender el arte de graciosamente identificarse con Dios, cuyas elevadas preocupaciones por el mundo real y tangible de hoy en día; y como siempre lo ha estado. Su inquietud brilla con el sol de su constancia; él no siente la punzada de angustia o el tiraje en la vorágine de la insatisfacción humana, la depravación de las depredaciones de la humanidad.

Ahora el alma está con Dios. Dios es la realidad sola del ser y la realidad es contactada por el discípulo. ¿Qué debe hacer él con este gran producto que ha importado de los reinos más elevados, pero que no se puede impartir acá abajo, para salvar aquellos que están listos y dispuestos? ¿No es su papel para hacerse de sí mismo como una puerta de entrada para que la gran luz el cual él siente, que él no puede dispensar? Pero ¿Es esta pared de la no-dispensación toda fascinante? ¿Y es verdad que él no puede dispensar esta gran luz o impartir a cualquiera?

El poder del ejemplo es el vínculo más fuerte del mundo que habla desde lo Más Elevado, habiendo descendido para la humanidad. Lo que voy a decir, entonces, de los avatares, de los grandes quienes han tenido que venir como poderosas luces brillantes a través de los cielos – el Cristo que vino enseñando y predicando las grandes nuevas de su Padre, el Buda que vino meditando y explicando el Sendero del Retorno del Ocho, Mohammed que vino como en un corcel ardiente, derramando e impartiendo el conocimiento de la ley y de muchos otros que han descendido a la tierra, para hacer la voluntad de Dios.

 Es un gran error, amados míos, asumir que uno debe quedarse atrás y esperar porque la familia, amigos, vecinos que no responden a esos poderosos pero sutiles emanaciones de Dios, que siempre han existido en la atmósfera. ¡Medita, entonces, con la idea de sumergirte en el océano de Dios! ¡Medita, con la idea de obtener todo lo que Dios tiene almacenado para ti! ¡Medita, con la idea de encontrar al Más Excelso Dios; inclusive si te cuesta todo lo que tienes y más! ¡Anda en deuda por todo, si puedes, pero reconoce que la meditación es una intervención (comunión) entre Dios y el hombre!

 Tus pensamientos deben convertirse en cálices en el cual Dios puede poner la verdad acerca de si mismo y cuando esa verdad es conocida dentro del marco de lo relativo, a medida que más y más gente aspiren lograr su ascensión, ellos encontrarán que removiendo los velos; es una regocijante experiencia. Nosotros no negamos que esto puede ser difícil, porque los hombres muy a menudo se han identificado con los velos que ellos mismos han creado. Pero mediante la meditación estos velos, serán removidos uno por uno y el poder ardiente de la luz; mostrará al hombre un nuevo arquetipo de sí mismo.

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