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Alineamiento con el Verdadero Ser

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Alineamiento con el Verdadero Ser

Vemos en aquel que la sociedad señala como demente, únicamente por la manifestación extrema, de lo que aquellos que están cuerdos experimentan; como la manifestación paralela de la mente de Crística y de la mente carnal, una al lado de la otra en la conciencia anímica en evolución.

Los dementes son aquellos que no han sido capaces de resolver los patrones de la dualidad y vivir una vida normal, a la vez que toleran esa lucha dentro de los miembros de la que habló Pablo [Romanos 7: 23]. Los dementes son aquellos que han sido divididos en dos; mente y corazón, cuerpo y alma; desgarrados totalmente en dos por la manifestación simultánea, por una parte, de lo que es uno con el Cristo y por otra, de lo que está alineado con el mal y con el diablo.

Los que permanecen cuerdos son, pues, aquellos que tienen la capacidad de tolerar, dentro de los cuatro cuerpos inferiores a un mismo tiempo, los elementos del hombre viejo que está siendo desechado y los del hombre nuevo que está siendo puesto en su lugar.

Hay momentos en los que los cuerdos, pasan por periodos de demencia. Estos periodos de agitación emocional ocurren cuando el alma es incapaz, durante un periodo de horas o días, de comprender a las fuerzas de la luz y de la oscuridad, entabladas en una batalla para lograr la victoria del dominio de la conciencia. Asimismo, hay periodos en aquellos que son llamados locos, resuelven la pugna y el estruendo de las fuerzas; se les encuentran pasivos o totalmente racionales durante períodos indefinidos.

La dualidad del que tiene un espíritu impuro, se ve cuando su alma y su corazón, corren a saludar y adorar al Cristo su Salvador; reconociéndolo como la fuente de la salvación y de la libertad de la esclavitud, al mismo tiempo que el espíritu impuro que habita en lo recóndito del cuerpo mental y del cuerpo emocional clama a gran voz: “¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.”

El fíat del Cristo: “Sal de este hombre, espíritu inmundo”, es la presencia de mando del Verbo, del Logos mismo, por el que fue constituido el universo [Hebreos 11: 3]. Jesús, que estaba lleno del Espíritu Santo e imbuido de la acción de la ley, debía exigir obediencia de todo lo que entrara en contacto con su llama.

Dondequiera que esté, la vida debe obedecer la ley de los ciclos, las partículas atómicas deben entrar en alineamiento con el verdadero ser y lo que es de la luz debe confirmar la luz y lo que es de la oscuridad debe confirmar la oscuridad. Y la definición de lo que es Real y de lo que es irreal se ve claramente en la presencia del Cristo como la acción de la Palabra sagrada, la espada que parte en dos el Yo Verdadero del no-yo.

Además de la Presencia Crística compasiva que Jesús ilustró, él fue la plenitud de la expresión de la ley. El espíritu inmundo no pertenecía la casa de Dios, no estaba en su lugar apropiado. Por la ley de la armonía, por la ley de la integridad de Alfa y Omega en el centro de la llama del corazón del Cristo, las energías deben ser resueltas e ir a los planos que les corresponde.

Y así Jesús preguntó: “¿Cómo te llamas?” Porque al pronunciar el nombre (que es la clave a la vibración, al campo de fuerza electrónico de la entidad), Jesús sintonizaría las energías del Espíritu Santo a esa frecuencia para eliminar esa fuerza, ese factor perturbador que es totalmente ajeno a la arquitectura del cubo cósmico, la verdadera identidad del hombre. Y respondió diciendo: “Legión me llamo, porque somos muchos.”

Y el espíritu inmundo le rogó a Jesús que no le despidiera, que no enviara a esta legión de desencarnados fuera de la región, el lugar de lo familiar. Estos desencarnados, que las Escrituras indican que son demonios, rogaron a Jesús, diciendo: “Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos”, porque había cerca del monte un gran hato de cerdos pastando. Esta petición muestra que en la presencia del Cristo también ellos deseaban regresar al nivel de la conciencia, la vibración, que era similar a la suya en el plano astral. A lo que realmente tenían afinidad, era a la conciencia de los cerdos. Por lo tanto, por la ley de la afinidad de vibración, Jesús les dio permiso. Y saliendo de los hombres, entraron en los cerdos.

Sin embargo, la fase de la vida elemental que contenía la conciencia Divina, inclusive en los cerdos, se negó a someterse al aspecto inferior de su naturaleza personificada por los espíritus inmundos. Así, con la conciencia dividida, el alma del grupo de los cerdos, prefirió reunirse con el espíritu de Dios en la naturaleza, en lugar de permanecer en presencia de los desencarnados. Y se precipitaron al mar por un despeñadero (eran como dos mil), ahogándose en el mar.

De vez en cuando, en la historia de, la evolución de la vida elemental, a través del reino animal, se han registrado incidentes en los que los elementales, deseosos de ser liberados de la carga y del peso de la fuerza astral, que ha dominado la conciencia animal, se han sacrificado en gran número, compartiendo así el sacrificio de Jesús el Cristo, para lograr el equilibrio de la armonía en el planeta y en la humanidad.

Esta es, pues, la enseñanza de la Hermandad, acerca de cómo ponerse la vestidura del Señor, por medio del regreso a la integridad. YO SOY el que brilla en la luminosidad de las esferas inmortales.

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