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La Historia del Río y de la Nube

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La Historia del Río y de la Nube

Hay una historia que me gustaría contarte, es acerca de un río que siguió a las nubes. Hay un pequeño arroyo que proviene de un manantial de la montaña. Es muy pequeño y joven, el mismo que quiere llegar al mar lo más rápido posible. Él no sabe cómo vivir pacíficamente en el momento presente. Él está muy apresurado, porque él es muy joven. No se ha dado cuenta de la práctica de “Yo estoy en casa, yo he llegado,” así fluyendo hacia abajo de la montaña, llega a la llanura y se convierte en un río.

Como un río, este tiene que ir más lentamente. Esto es exasperante, porque el río tiene miedo que nunca llegue al mar. Pero como fue obligado a ir más despacio, sus aguas se convirtieron en más pacíficas. En su superficie empezaron a reflejarse las nubes del cielo – nubes rosadas, nubes plateadas y nubes blancas. Hay muchas figuras maravillosas. Todo el día, el río seguía a las nubes. Se transformó en ser muy apegado a las nubes bonitas. Entonces el río sufre, porque las nubes son in-permanentes. Ellas siempre están moviéndose con el viento, dejando que el río vaya a cualquier otro lugar. ¡Cómo sufre el río! El río trata una y otra vez, de mantenerse cerca de las nubes. Estaba triste, porque las nubes no podían estar con él y permanecer tranquilas.

Un día un viento tormentoso sopló todas las nubes fuera de su presencia. La bóveda del cielo era azul claro y vacía. Cómo el río se sintió perdido. Ya no tenía ni una nube para seguirla. No había ni una nube en el cielo. La vasta expansión del cielo azul, había traído desesperación en el corazón del río. “¿Qué hay por allí, para vivir sin las nubes? ¿Qué hay por allí, para vivir sin mi amada?” El río quería morir, pero ¿Cómo un río podría matarse a sí mismo? Toda la noche completa lloró.

Esa noche, el río tuvo la oportunidad de escucharse a sí mismo; llorando. El sonido de su llanto, era el sonido de sus propias olas rompiendo en las orillas. Cuando fue capaz de regresar a sí mismo y oír su propio llanto, tenía un maravilloso conocimiento interno. Se dio cuenta que su propia naturaleza, también era la naturaleza de la nube. Él era la nube. La nube estaba en las profundidades de su propio ser, igual que el río; la nube estaba basada en el agua. La nube estaba hecha de agua, así que, el río pensó, ¿Yo necesito correr detrás de la nube? Yo solo necesito correr detrás de la nube, sólo si yo no soy la nube.

La noche en la más absoluta soledad y depresión, le ayudó al río a despertar y ver que él también era la nube. Al día siguiente en la mañana, el cielo azul vacío, el cual hizo sentir al río tan solo y abandonado; era ahora algo nuevo y maravilloso, claro y brillante. El color azul intenso del cielo, estaba reflejando la nueva libertad e inocencia del río. Él supo que la bóveda del cielo, era el hogar de todas nubes y ninguna nube podría existir fuera de la bóveda del cielo. El río comprendió que la naturaleza de la nube, no era arribar o departir; entonces, ¿Por qué el río debería llorar? ¿Por qué tendría que llorar, como si lo hubiera separado de la nube?

El río tuvo otro conocimiento interno esa mañana. Vio la naturaleza del no-nacimiento, no-muerte del cielo. Eso hizo al río más sutil y pasivo. Empezó a darle la bienvenida y reflejar el cielo. Antes de eso, no reflejó al cielo, solamente había reflejado a las nubes. Ahora el cielo estaba siempre allí, para el río, día y noche. Antes, el río no quería estar en contacto con la verdadera naturaleza de las cosas. Sólo quería estar en contacto con el cambio, con el nacimiento y la muerte. Ahora que ha tenido que estar en contacto con la bóveda del cielo, se convirtió en sutil y pasivo. Nunca antes sintió tanta paz.

Esa tarde cuando las nubes regresaron, el río en particular, no estuvo apegado a ninguna nube. No había ninguna nube, que se sentía ser una nube especial. El río sonrió a cada una de las nubes que pasaron. Dio la bienvenida y amó a todas las nubes. Ahora el río sintió un regocijo especial de ecuanimidad. No se parcializaba con una determinada nube o estaba en la garras de una nube en particular. Él amaba a todas ellas. Estaba gozando con todas y reflejando cada nube que pasaba a través del cielo. Cuando una nube se alejó, el río le dijo, “Hasta luego. Te veré pronto nuevamente,” y así se sintió muy liviano en su corazón. Él supo que la nube volvería, después de haberse convertido en lluvia o nieve.

El río era libre. No sintió la necesidad de nuevo de correr desesperadamente hacia el mar. Esa noche la luna llena se levantaba y brillaba a las profundidades del río. La luna, el río y el agua; practicaron meditación juntos. El río gozaba el momento presente de libertad. Estaba liberado de toda pena. Cuando perseguimos a un objeto, tratando de agarrarlo, nosotros sufrimos. Y cuando no hay un objeto para perseguirlo, nosotros también sufrimos. Si tú has sido un río, si tú has corrido tras las nubes, has sufrido, has llorado y has estado solitario; por favor, agarra la mano de un amigo.  Mirando profundamente juntos, tú puedes ver que lo que has estado buscando, siempre estuvo ahí. De hecho, eres tú; tú mismo.

Tú eres lo que quieres convertirte. ¿Para qué buscar más? Tú eres una maravillosa manifestación. Todo el universo, ha venido junto para hacer posible tu existencia. No hay nada, que no seas tú. El reino de Dios, la Tierra Pura, Nirvana, la felicidad y liberación; todo eso eres tú.

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