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La Pérdida de un Ser Querido

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La Pérdida de un Ser Querido

La misma cosa sucede cuando perdemos a un ser querido. Cuando las condiciones no están correctas para mantenernos con vida, nos retiramos al plano espiritual. El día que perdí a mi madre, yo sufrí mucho. Cuando tenemos tan sólo siete u ocho años de edad, es muy difícil concebir que algún día, nosotros perderíamos a nuestra madre. Eventualmente, todos nosotros crecemos y todos perdemos a nuestras madres, pero si uno se prepara para ese desenlace, cuando el tiempo llega de nuestra separación; no sufriremos demasiado. Cada uno de nosotros sabríamos rápidamente, que nuestra madre siempre estará viviendo dentro de nuestro corazón.

El día que murió mi madre, yo escribí en mi diario, “Un serio acontecimiento ha acaecido en mi vida.” Yo sufrí por más de un año, después de la muerte de mi madre. Pero una noche, en las altas montañas de mi pueblo, yo estaba durmiendo en mi choza de ermitaño. Yo soñé con mi madre. Me vi sentado junto con ella y que estábamos teniendo una conversación maravillosa. A ella se le veía más joven y linda, con su pelo flotando. Fue muy placentero estar sentado y conversar con ella, como si nunca hubiera muerto. Cuando desperté, fueron más o menos las dos de la madrugada y sentí muy fuertemente, que nunca perdí a mi madre. La impresión de que mi madre todavía estaba conmigo era evidente y clara. Yo comprendí entonces que la noción de haber perdido a mi madre sólo fue una idea. Eso fue obvio en ese momento, ya que mi madre está siempre viva dentro de mí.

Yo abrí la puerta y fui hacia afuera. Toda la ladera de la montaña estuvo bañada con la luz de la luna. Los cerros estaban cubiertos con plantas de té y mi choza estaba situada detrás del templo en la mitad hacia arriba de las montañas. Caminando lentamente en la luz de la luna, a través de las hileras de plantas de té; noté que mi madre todavía seguía conmigo. Ella era la luz de la luna la que me acariciaba, como sólo ella solía hacerlo constantemente, muy tiernamente y muy dulcemente…. ¡Qué maravilloso! Cada vez que mis pies tocaban el suelo, yo sabía que mi madre estaba conmigo. Yo sabía que este cuerpo no era mío solamente, pero la continuación viviente de mi madre y mi padre, de mis abuelos y bisabuelos. De todos mis ancestros. Estos pies que vi como “míos”, actualmente eran “nuestros” pies. Juntos, mi madre y yo, íbamos dejando los rastros en el suelo húmedo.

Desde ese momento, entonces, la idea de que había perdido a mi madre, dejó de existir. Todo lo que tenía que hacer, era solo ver la palma de mi mano, sentir el aire frío en mi rostro o la tierra debajo de mis pies, para recordar que mi madre siempre está conmigo, disponible en todo momento. Cuando tú pierdes a un ser querido, tú sufres. Pero si aprendes a ver muy profundamente, tienes la oportunidad de comprender, que la naturaleza de él o ella, es la naturaleza de no-nacimiento, no-muerte.

Hay una manifestación y hay un cese de manifestación para lograr obtener otra manifestación. Tienes que ser muy sutil y muy alerto a fin de reconocer las manifestaciones de una sola persona. Pero con bastante práctica y esfuerzo, puedes conseguirlo. Así, tomando la mano de alguien quien conoce esta práctica, juntos pueden caminar en meditación. Presta mucha atención a todas las hojas, las flores, los pájaros y las gotas del rocío. Si tú pudieras parar y mirar profundamente, podrías reconocer a tu ser querido, manifestándose continuamente en diferentes y muchas formas. Y al hacerlo tú abrazarías nuevamente el regocijo de la vida.

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