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Yo y mi Padre somos Uno; Yo y mi Madre somos Uno

Yo y mi Padre somos Uno; Yo y mi Madre somos Uno

El Dios Padre – Madre es el centro de toda la vida – este más o menos es el factor, ese campo de fuerza, ese centro de conciencia que nosotros llamamos Dios. Dios es energía. Dios es el Alfa – A – Omega, el átomo de sí mismo. Dios es el centro candente del átomo, la semilla, la idea del hombre, de los planetas, de las estrellas y de los soles. El Dios Padre – Madre es el núcleo de los sistemas de energía. Tú eres un sistema de energía. Yo Soy un sistema de energía. Nosotros hemos nacido para conquistar ese sistema de energía, dondequiera que Dios se encuentre, la vida brota con una perfecta unión con el espíritu (Alfa, Padre) y la materia (Omega, Madre).

Declaramos nuestra unidad cuando nosotros decimos, “Nosotros somos uno”, estamos diciendo que nosotros somos uno con el Padre, con la Madre, con el principio masculino – femenino de la vida, el cual es el centro total y la circunferencia del ser. Este es el movimiento de la conciencia dentro del centro centellante de la polaridad masculina y femenina.

Encuentras alrededor de ti, la esfera Blanca, la esfera de la misma que tú naciste, que después a la misma regresarás. Este es el campo de fuerza de la Gran Hermandad Blanca. Debemos entonar la Palabra, para que todas las energías de nuestro ser, se re-alineen con la polaridad masculina – femenina y podemos encontrar en nosotros mismos un electrodo, un imán para todas las energías del ser, que se han desparramado fuera del alineamiento habitual; y podemos converger dentro de esa polaridad que es Dios. Cuando obtenemos esa perfecta polaridad, nosotros nos convertimos en maestros de la vida. Esta es la meta del sendero que tenemos trazado ante nosotros.

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