Categorías
Iluminación

Cooperación entre los Tres Reinos

Antes que el hombre fuera hacia adelante desde el centro del corazón de Dios, él preguntó, “¿Padre, posiblemente a mi no se me haya dado la libertad de escoger el camino, el plan y la acción de mi vida?” En su gran corazón de amor, el Padre supo que cuánto dolor traería consigo sobre Su creación, en el cual el hombre tendría la libertad de irse en contra de su voluntad; pero al mismo tiempo vio la gran oportunidad de expansión y regocijo, por esos quienes escojan  seguir su plan.

Y así, desde la infinita sabiduría de Dios, vino el fiat, “El hombre tendrá el regalo del libre albedrío; quienquiera que sea podrá probar en pensamiento, palabra y hecho; que él puede escoger entre todas las cosas inteligentemente y muy bien; para éste Yo daré gloria, honor, poder y dominio; él se sentará sobre mi lado derecho y presidirá sobre el reino del mundo, sobre los elementales y las huestes angelicales.”

Esto fue uno de los grandes momentos en la historia cósmica: que al hombre se le haya adjudicado el libre albedrío y luego con este, la oportunidad de convertirse co-creador con Dios. “Hecho un poquito menos que los ángeles” él será “coronado con más gloria y honor” si él usa este precioso regalo para glorificar a Dios, para bendecir a sus hermanos los hombres y para amaestrar su ambiente y así mismo.

Fueron los siete gloriosos Elohim, directores de la vida elemental y maestros de la precipitación, quienes respondieron a los siete grandes mandamientos de Dios que culminaron en la creación del hombre. Ahora los jerarcas de los cuatro elementales, cuatro pilares en el templo del ser sirviendo bajo la tutela del Elohim, prometieron sostener el equilibrio en la tierra, en la naturaleza y en el hombre. Salamandras, gnomos, silfos y ondinas; imitan el Gran Diseño, ellos sirven para mantener la casa (cuerpo) del hombre en orden y para sostener su forma noble de ser. Labradores en el viñedo del Padre, cosechadores de sus sembríos, los seres de los elementos; ocupan una de las más importantes posiciones en la Trinidad de Dios en manifestación, así como ellos, prestan atención cada aserción de Dios y del hombre.

Las huestes angelicales, así como los constructores de la forma, no se les han dado la libertad de expresar, mover o crear por su propia decisión. Ellos han permanecido fieles a la voluntad del Padre, su más diminuto deseo es su comando – querubines, serafines, poderosos arcángeles y sus arcangelinas, fueron creados por Dios, para amplificar sus atributos.

Dios creó a los ángeles de su propia esencia, como a seres quienes sostendrán sus magníficos sentimientos a través del universo. Su asignatura fue infundir en los hombres y en los elementales esas cualidades que son necesarias para planificar y ejecutar la voluntad de Dios sobre la tierra: fe, esperanza y caridad; paz, entendimiento y compasión; pureza, confort y curación; misericordia, perdón y gran alabanza a la vida eterna; porque estos unirán a los hombres y los elementales en el servicio a su Creador, como también profesarán el amor del uno al otro.

Desde el centro de su ser, el Gran Sol Central, el Sanctus Sanctorum (el santo de los santos o el interior de un lugar sagrado) que es una vez en Dios, en  manifestación universal (Macrocosmos) y en el hombre (Microcosmos) como la llama sobre el altar de su corazón, mensajeros angélicos llevan la magnitud del potencial divino, hasta los más lejanos confines del cosmos y de la conciencia. Ellos vienen usando alegres matices del arco iris, belleza y delicia, anunciando la venida del Cristo en cada hombre. Su amor y su infalible dirección, es el llamado del clarín que se integra al bajo y al alto Ser en unidad de propósito, plan y acción. Su amor es el bálsamo de amistad, el ungüento de sanación y el aceite de inspiración celestial.

El amor de los ángeles es el imán divino que mantiene a las estrellas en su sitio señalado, los átomos de nuestro ser inclinados a hacer la voluntad celestial y cada mónada en su lugar correcto. Su amor es un tono sagrado, la música de las esferas, el Espíritu que anima a la naturaleza y a todas las cosas bellas.

Así, mientras la porción del hombre fue en convertirse en el Cristo y sostener en la tierra la iluminación radiante de la mente de Dios, los seres de los elementos construirían el templo para adornar su sabiduría – piedra sobre piedra de voluntad mesurada, que es el diseño del Arquitecto. Y los seres angélicos, inspirados por el plan, hacen la venia para traer el carbón de inspiración, todavía resplandeciendo desde el corazón de Dios. En esta trinidad de cooperación, nosotros podemos contemplar la acción del Cristo cósmico y la manifestación equilibrada de la llama trina cósmica de sabiduría, amor y poder.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *