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La Ascención


La Ascensión

Es el ritual en el cual el alma, se reúne con el Espíritu del Dios Vivo, o sea con la Presencia Yo Soy. El ritual de la ascensión, es la culminación victoriosa de la permanencia divina en el tiempo y el espacio. Es una merecida recompensa del justo, el regalo de Dios mediante el juicio final ante el gran trono blanco: “Después vi un trono espléndido, muy grande, y al que se sentaba en él, cuyo aspecto hizo desaparecer el cielo y la tierra sin dejar huellas. Los muertos grandes y chicos, estaban de pie ante el trono. Se abrieron unos libros, y después otro más, el libro de la vida. Entonces los muertos fueron juzgados de acuerdo con lo que estaba escrito en los libros, es decir cada uno según sus obras. El mar devolvió los muertos que guardaba, y lo mismo la muerte y el lugar de los muertos, y cada uno fue juzgado según sus obras” [Apocalipsis 20: 11-13]. Enoch de quien se dice: “Anduvo con Dios y desapareció porque Dios se lo llevó” [Génesis 4: 24], también obtuvo su ascensión; lo mismo sucedió con Elías: “Un carro de fuego con caballos de fuego se colocó entre ellos (Eliseo y Elías) y Elías subió al cielo en un remolino” [2 Reyes 2: 11]; también Jesús: “Jesús los condujo hasta cerca de Betania y levantando las manos los bendijo. Y mientras los bendecía, se alejó de ellos y fue llevado al cielo” [Lucas 24: 50, 51; Hechos 1: 9-11]. La reunión con Dios, mediante la ascensión, es decir, el término de las rondas del karma, el renacimiento (reencarnación) y el regreso final a la gloria de Señor, es la meta más preciada de la vida; para los hijos e hijas de Dios. Jesús dijo: “Sin embargo, nadie ha subido al Cielo, sino el que ha bajado del Cielo: el Hijo del Hombre” [Juan 3: 13]. En virtud de la salvación, la auto-elevación y la elevación consciente del Hijo de Dios dentro de su templo (su corazón); el alma se pone el vestido de bodas para desempeñar el oficio del Hijo, o Sol, o Luz de la manifestación del hombre. Por su gracia, Jesús hace que el alma sea merecedora de llevar su cruz y su corona. Siguiendo el sendero iniciático de Jesús, el alma asciende a través del Yo Crístico a su Dios y Señor; o sea la Presencia Yo Soy, de la que originalmente descendió.

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