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La Biblia viviente

 La Biblia viviente

Había una vez un muchacho llamado Guillermo quien tenía un pelo largo casi siempre sin peinar, usaba una camiseta con agujeros, con blue jeans y sin zapatos. Esa era la ropa que usaría literalmente en los cuatro años de universidad. Un muchacho brillante, muy inteligente y en cierto modo un poco esotérico. Se convirtió al Cristianismo cuando empezó a ir a la universidad. Al frente del campo universitario donde estudiaba y vivía había una iglesia muy conservadora en su ideología y vestimenta. Ellos querían, envolver a ciertos estudiantes en el ministerio del Cristianismo pero no sabían cómo empezarlo y hacerlo.

Un día Guillermo, decide ir a la iglesia a participar en el servicio de la misa. Él entra y camina sin zapatos, blue jeans, su camiseta rota, su pelo largo y sin peinar. El servicio empezaba y Guillermo caminando por el pasadizo, trataba de encontrar asiento. La iglesia estaba repleta, completamente llena y no podía encontrar asiento. La gente estaba mirando al muchacho desconcertados, pero nadie decía nada. Guillermo iba aproximándose poco a poco al púlpito y cuando se dio cuenta que no había asientos, simplemente se sienta sobre la alfombra (aunque este comportamiento es perfectamente aceptable en los servicios de la iglesia de la universidad, créanme, esto nunca había sucedido anteriormente en esta iglesia muy conservativa, especialmente en el modo de vestir). Hasta ahora la gente estaba un poco sobresaltada y la tensión en el aire estaba un poco densa.

En ese momento el ministro se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y vio al diácono en la parte de atrás de la Iglesia, tratando de llegar donde se encontraba Guillermo. Este diácono, en sus ochentas, con su pelo blanco e impecable traje. Él era un hombre de Dios, muy elegante, muy digno y muy cortés, caminaba muy lentamente, apoyado a un bastón en dirección del muchacho, todo el mundo estaba pendiente diciendo dentro de sí mismos, no lo podemos culpar al anciano, pues va darle su merecido a este muchacho imprudente y nefasto. ¿Como usted puede esperar, que un hombre a su edad, con la experiencia y sabiduría, pueda comprender a un muchacho universitario que está sentado en el piso, durante un servicio tan importante dedicado a Dios?

El anciano tomó bastante tiempo para llegar donde el muchacho. En la iglesia en ese momento existía un silencio total, con excepción del monótono ruido del bastón cuando tocaba el piso. Todos los ojos estaban pendientes del anciano. No se podía ni siquiera escuchar el respirar de la congregación. El ministro, no podía predicar el sermón hasta que el diácono haga lo que tenía que hacer con el muchacho. Ahora, la congregación ve a éste anciano que hace caer su bastón al piso. Con gran dificultad se inclina y cae sentado en el piso al lado de Guillermo, reza junto con él y lo hace sentir que no estaba solo. Todo el mundo solloza de emoción. Cuando el ministro restaura su emoción y control, dice: Lo que voy a predicar, es algo que siempre van recordar.

Que lo que ustedes acaban de ver, nunca lo van a olvidar. Tengan mucho cuidado como ustedes están viviendo. Ustedes podrían ser la única Biblia que alguna gente puedan leer, la única Biblia viviente y caminante que puedan imitar. Pido a nuestro Señor que bendiga a todos los presentes y ruego en mis oraciones, que los guíe y proteja en el sendero divino. El amor de Dios siempre está con ustedes. Su promesa es verdadera y cuando nosotros le ofrecemos todo nuestro amor, ustedes saben que Él siempre está viendo a través de nosotros. Nosotros vemos alrededor de nosotros sabiduría, la sabiduría de Dios nuestro Padre Eterno.

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