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De Yoga a Yahvé

 

 

 De Yoga a Yahvé

Por Ian Lawton

Uno de los nombres hebreos de Dios, está compuesto de cuatro letras juntas. Yud, Hey, Vav y Hey o Y, H, V y H; que forman el nombre de “Yahvé”.

¿Soy yo o son las cuatro letras Y, H, V y H; que se parecen un poco a la gente haciendo estiramientos o haciendo movimientos de yoga? ¡Eche una mirada! Esto trae a la memoria, la idea de Dios dentro de uno, me refiero literalmente en el cuerpo. A los judíos a veces se les llaman “gente del cuerpo”. Sus prácticas espirituales son muy físicas; hacen oraciones arrodillados y de pie, así como también caminan durante el sábado. Yahvé fue desconocido para ellos, entonces ellos encarnaron en su fe; lo sagrado en lo ordinario.

Uno de los primeros textos judíos (alrededor del siglo III), el Tosefta Sota, cuenta la historia de los estudiantes del famoso rabino Hillel que le preguntaron, que si él iba hacer una buena acción u obra. Hillel les dijo que se iba a tomar un baño. Los estudiantes se mostraron desconcertados ante dicha respuesta; puesto que ellos esperaban algo más que eso. Él les dijo: “Es el deber de cuidar nuestro cuerpo, ya que hemos sido creados a imagen y semejanza divina”.

¡Eso es magnífico! Entonces apliquemos la idea del Yahvé hebreo encarnado, a nuestra propia vida; ampliando y haciendo crecer nuestro AMOR, aceptando todo así como es; tal y como eres. Debemos pensar en cada letra, al afirmar cada parte de nuestro cuerpo.

Y – La cabeza y el cuello – manteniendo su mente, mientras saca su cuello hacia afuera; para dar su punto de vista o perspectiva.

H – Los hombros y los brazos – elevándose así mismo, luego cimentar más fuerza; para sostener el peso del mundo.

V – El torso – dándose así mismo flexibilidad, girándose alrededor; para introducirse en la vida.

H – La espalda y las piernas – manteniéndose firme en el piso, teniendo todos los huesos tensos; para dar flexibilidad a sus pasos.

Estas y otras más cualidades de su cuerpo, manifiestan la imagen de Dios o dichos en otras palabras, que encarnan los más sublimes ideales. Entonces, ¿Cómo no amarse, por ser uno la encarnación de Dios? Acepte a su cuerpo, aprecie su cuerpo, cuide su cuerpo; esté totalmente alerto con su cuerpo para todo lo que se le presente.

Namaste.

 

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