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Iluminación

El Cristo Universal

6) El Cristo Universal es el mediador entre los planos del espíritu y los planos de la materia, personificado como el Yo Crístico; es el mediador entre el espíritu de Dios y el alma del hombre. El Cristo Universal sostiene el nexo – el flujo en forma de ocho – de la conciencia, a través del cual, las energías del Padre (Espíritu) pasan a sus hijos para la cristalización (realización crística) de la llama de Dios, por el esfuerzo de su alma en el vientre cósmico (la matriz) de la Madre (Materia). A este proceso, se le llama materialización; “El Descenso”. El proceso por el cual las energías aglutinadas de la Madre en el alma, pasan a través del nexo de la conciencia crística, hacia el Padre, es la aceleración llamada espiritualización; “El Ascenso”. Otro nombre que se le da al proceso mediante el cual la energía del alma regresa de la materia al espíritu es sublimación (acción sublime) o transmutación. El alma experimenta la consumación de este proceso, siendo ya una con el Hijo, como la ascensión; la unión con el Espíritu de la Presencia Yo Soy, el Padre. La ascensión es el cumplimiento en el cielo de la promesa de Jesús en la tierra: “En aquel día. Ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes están en mí y yo en ustedes. El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que de veras me ama. Y mi Padre amará al que me ama, y yo también lo amaré y me mostraré a él” [Juan 14: 20, 21]. La fusión de las energías de la polaridad positiva y negativa de la Divinidad en la creación, ocurre a través del Cristo Universal, el logos sin el cual “nada de lo que es hecho, fue hecho”. El flujo de luz del Macrocosmos hacia el Microcosmos, del espíritu (la Presencia Yo Soy) al alma y de regreso siguiendo la espiral del ocho, se cumple a través de este bendito Mediador, que es Cristo, el Señor; la verdadera encarnación del Yo Soy el que Yo Soy. Ya que Jesús es ese Verbo encarnado, puede decir: “El Yo Soy (el Yo Soy en mi) es la Puerta Abierta (al cielo y a la tierra), que ningún hombre puede cerrar” y “Todo el Poder me es dado (a través del Yo Soy en mi) en el cielo y en la tierra” y también “He aquí Yo Soy (el Yo Soy en mi es), el que está vivo por siempre – como es arriba, es abajo – y tiene las llaves del reino de los cielos y las llaves de la muerte y el infierno; y a quienquiera que el Padre quiera, yo se las doy y son dadas en su nombre”. Esto que aún afirma el Maestro Ascendido Jesucristo, también lo afirma para vosotros, vuestro Santo Ser Crístico. Así, el Cristo Universal del Hijo único y de los muchos, efectivamente mediatiza la Presencia del Yo Soy hacia vosotros a través de vuestro propio y amado Santo Ser Crístico. Esta es la verdadera comunión con el Cristo Cósmico, cuyo Cuerpo (Conciencia) fue “partido”, compartido e individualizado para cada hijo del corazón del Padre. Los hijos de Dios son depositarios de la Máxima Luz, para los que aún son criaturitas en Cristo. El término “Cristo” o “Ser Crístico” también denota un cargo en la jerarquía, que ocupan los que han alcanzado el auto maestría en los siete rayos y los siete chakras del Espíritu Santo. La maestría crística, incluye equilibrar la llama trina (los atributos divinos del poder, sabiduría y amor), para la armonización de la conciencia y la implementación de la maestría de los siete rayos en los chakras y en los cuatro cuerpos inferiores; mediante la llama de la Madre (la Kundalini elevada). En la hora designada para la ascensión, el alma así ungida, eleva la espiral de la llama trina, desde debajo de los pies, pasando por todo el cuerpo (forma), para la transmutación de todo átomo y célula de su ser, conciencia y mundo. La saturación y la aceleración de los cuatro cuerpos inferiores y del alma, mediante esta luz transfiguradora de la Llama Crística, ocurre en parte, durante la iniciación de la transfiguración, se incrementa con la resurrección y adquiere plena intensidad, durante el ritual de la ascensión. El Yo Crístico individual, el Cristo personal, es el iniciador de toda alma viviente. Cuando el individuo pasa estas diversas iniciaciones, en el sendero de la Cristeidad, incluyendo “matar al morador del umbral”, se gana el derecho a que se le llame ser crístico, así como el nombre de hijo o hija de Dios. Hay quienes en eras pasadas, se ganaron semejante título y comprometieron esa culminación o no lograron manifestarla en encarnaciones subsiguientes. En esta era el Logos los requiere, para que manifiesten su maestría divina interna y la perfección en el plano físico, mientras está en encarnación física. Por lo tanto, para asistir a los hijos e hijas de Dios, en hacer que su manifestación sea conmensurable con su luz interior, los Maestros de la Gran Hermandad Blanca, han publicado sus enseñanzas a través de los Maestros Ascendidos y de sus Mensajeros  en el siglo pasado. Saint Germaín, fundó la Fraternidad de los Guardianes de la Llama, a través de la cual envía lecciones mensuales graduadas a los miembros de esta orden; dedicada a guardar la llama de la Vida en todo el mundo. Antes de pasar con éxito las iniciaciones del discipulado, se hace referencia al individuo, como hijito de Dios, en contraste con el término “Hijo de Dios”; que denota la plena Cristeidad, en la cual el alma, en y como Hijo del hombre, se ha fundido en el Hijo de Dios, siguiendo el ejemplo de Jesucristo. Con la expansión de la conciencia del Cristo, el ser crístico, avanza para alcanzar la realización de la conciencia crística en el nivel planetario y es capaz de sostener el equilibrio de la Llama Crística, para las evoluciones del planeta. Cuando logra esto, asiste a los miembros de la jerarquía celestial, que prestan su servicio en el cargo de Instructores Mundiales y al Cristo planetario.

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