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El Libre Albedrío


El Libre Albedrío

La libertad de crear; la opción de elegir el camino de la derecha o el camino de la izquierda, la vida o la muerte, las espirales positivas o negativas de conciencia. Como el alma posee el don del libre albedrío, puede elegir permanecer en el plano de la relatividad, donde el bien y el mal son relativos según la propia perspectiva en el tiempo y el espacio; o bien puede elegir el plano del absoluto, donde el Bien es real y el Mal es irreal y el alma contempla “cara a cara” a Dios como la Verdad viva. El libre albedrío significa que el individuo puede aceptar o rechazar el plan divino, las leyes de Dios y la oportunidad de vivir en la conciencia del Amor. El don del libre albedrío otorgado por Dios conlleva una cierta extensión de conciencia, conocida como extensión de la vida – una serie de encarnaciones – y los términos de la habitación del hombre. El alma, por lo tanto, no solo está confinada al tiempo y espacio durante su periodo de experimentación con el libre albedrío, sino también que está limitada a un cierto número de ciclos de vida. Al término de esta oportunidad – que está compartimentalizada en días, años y dimensiones – el uso que haya hecho el alma en cuestión; el don del libre albedrío, determina su destino. El alma que ha decidido glorificar al Ego Divino – la realidad – asciende a la Presencia del Yo Soy el que Yo Soy. El alma que ha decidido glorificar al ego humano – la irrealidad – pasa por la segunda muerte, esto quiere decir, su Autonegación será cancelada para siempre y todas sus energías que pasan simultáneamente por el fuego sagrado, regresan al Gran Sol Central; para ser re-polarizadas.

El libre albedrío es una de las leyes más sagradas de Dios, Él es respetuoso de nuestras decisiones y no participa en ningún momento para disuadirnos de las determinaciones que hayamos tomado aunque estas sean muy erradas. Tanto Dios, como los seres divinos no participan o vienen a uno a no ser que se les invite. Ellos no se ofrecen voluntariamente por más que vean la necesidad de intervenir. Dios, los Ángeles, los Maestros Ascendidos, la Jerarquía Divina, etc. son nuestros mejores amigos. Cuando uno tiene un amigo de verdad, esa amistad ha sido cultivada a través de los años, han crecido y vivido juntos. Así también es la relación con los seres divinos, se debe estar en comunicación y comunión diariamente. Si se tiene un amigo de verdad, se tiene un entendimiento especial que si necesitamos ayuda, él estará siempre dispuesto a ayudarnos. Caso contrario sucede cuando esa amistad no ha sido cultivada, este amigo buscará una excusa para no ayudarnos. Así también son los amigos divinos. Por eso tenemos que diariamente estar en contacto con ellos, que cuando necesitemos de su participación, allí estarán inmediatamente a nuestras órdenes para servirnos.

Los Maestros Ascendidos y Seres Divinos no le dicen a uno que es lo que debemos hacer, nos ayudan a discernir sobre las diferentes posibilidades, pueden ayudar a pensar sobre diferentes preferencias, entendimiento de los sentimientos, también le ayudan a uno a ser más amorosos. Ellos quieren como Dios, que vivamos nuestra vida con gran abundancia y felicidad, que usemos nuestra vida hasta el máximo potencial, aunque usted es el que decide y manda. Tampoco deciden lo que es bueno y malo para usted. Es como cuando habla con sus amigos acerca de un proyecto suyo, quienes le pueden sugerir muchas soluciones, pero al final el que tiene la última palabra es usted, así también son sus amigos invisibles los Maestros Ascendidos y Seres Divinos, ellos le ayudan a tratar de resolver los problemas, pero uno es el que decide que es lo que se va a hacer. Usted es dueño de sus decisiones y por ende es responsable que si estos han sido positivos o negativos; debido a nuestras decisiones, somos acreedores a crear karma o dharma. El uso indebido de nuestro libre albedrío, es la causante de que nosotros estemos viviendo en el plano físico, porque fuimos capaces de crear imperfección; en lugar de perfección como fue el mandato divino y como consecuencia en el proceso nos alejamos de nuestro Padre Celestial.

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