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Iluminación

El Collar

El collar

Una regocijante pequeña niña de cinco años, con un pelo dorado y ondulado, el mismo que se mecía con diferente ritmo en su cabecita; impaciente esperaba a su madre que estaba pagando la cuenta de los artículos que había comprado en la tienda, cuando de pronto vio un círculo brillante de perlas blancas dentro de un cartoncito rosado.

OH mamá, exclamó: ¿Puedes comprarlas? ¡Por favor mamá, por favor!

Rápidamente la madre chequeó el precio de aquél cartoncito rosado que contenía el collar de perlas blancas, luego vio los suplicantes ojos azules y la cara desesperada de su pequeña hija.

¡Un dólar con noventa y cinco centavos! Eso es casi dos dólares. Si realmente quieres obtenerlos, pensaré en algunas tareas extras para que hagas en la casa y así puedas ahorrar suficiente dinero en poco tiempo para que las puedas comprar tú misma. Tu cumpleaños será dentro de una semana y podrás obtener un dólar en billete nuevo de tu abuelita.

Tan pronto Jenny llegó a la casa, ella vació su alcancía de ahorros, en la que podía contar solo 17 centavos. Después de la cena, ella hizo más de lo usual en las tareas de la casa, además fue donde su vecina y preguntó a la señora González si ella podía limpiar su jardín por 10 centavos. En su cumpleaños, la abuelita le dio un billete nuevo de un dólar y al fin tenía suficiente dinero para comprar el collar. Jenny adoraba sus perlas. Estas la hacían sentir bien vestida como una señorita. Ella usaba su collar en todas partes, en las clases dominicales, en el jardín infantil, inclusive cuando se iba a dormir, no se sacaba su collar. En la única ocasión que se lo sacaba, era cuando se iba a bañar en la piscina o cuando se bañaba en la tina. Su mamá le dijo que si las perlas se mojaban podía ponerse verde su cuello.

Jenny tenía un padre muy amoroso y cada noche, cuando ella estaba lista para irse a dormir, él paraba de hacer cualquier cosa que estaba haciendo y se iba al segundo piso al dormitorio de su hijita para leerle la historia antes de ir a dormir. Una noche cuando terminó de leer la historia, él le preguntó a Jenny, ¿Tú me amas?

“OH si, por supuesto papito, tú sabes que yo te amo mucho”.

“Entonces dame tus perlas”.

“OH papito, no las perlas, pero puedo darte a princesa, la yegua blanca de mi colección, aquella con la cola rosada. ¿Recuerdas papito? Aquella que tú me diste, es uno de mis favoritos”.

“Está bien, querida, tu papá te quiere mucho, buenas noches”. Y él le dio un cariñoso beso en la mejilla.

Cerca de una semana después, cuando terminó de leerle la historia antes de ir a dormir, el papá de Jenny le preguntó nuevamente: ¿Tú me amas?

“Papito, tú sabes que te amo mucho”.

“Entonces, dame tus perlas”.

“OH papito, no las perlas, pero tú puedes obtener mi muñeca. Aquella muñeca nueva que me dieron en mi cumpleaños. Ella es muy bonita, también puedes tener la frazada amarilla que hace juego con sus sandalias.

“Está bien. Duerme bien. Dios te bendiga, mi querida niña. Papá te quiere mucho”. Y como siempre le dio un cariñoso y delicado besito en la mejilla.

Unas pocas noches después, cuando su papá vino a su dormitorio, Jenny lo estaba esperando sentada en la cama con sus piernas cruzadas al estilo indio. Cuando él estaba acercándose, notó que las mejillas de su hija estaban temblando y silenciosamente una lágrima empezó a correr por su mejilla. ¿Que es lo que sucede, Jenny? ¿Que es lo que te está pasando? Jenny no dijo nada, pero levantó su pequeña mano hacia su papá y cuando la abrió, allí se encontraba su pequeño collar de perlas. Con un pequeño estremecimiento, finalmente dijo: “Aquí mi querido papito, esto es para ti”. Con lágrimas corriendo desde sus ojos, el papá de Jenny estiró una mano para recibir el collar barato de su hija y la otra mano introdujo en su bolsillo, sacó una cajita de terciopelo azul con un collar de perlas legítimas y genuinas y se lo dio a Jenny. Él lo había tenido todo el tiempo. Estaba esperando que su hija diera su collar de perlas baratas, para así él poderle dar un tesoro genuino. Así es nuestro querido Padre que está en el cielo. Él está esperando que nosotros dejemos de lado las cosas baratas de nuestras vidas, para así podernos dar sus maravillosos tesoros.

¿Acaso Dios no es un ser bueno y bondadoso? ¿Estas deteniendo ciertas cosas que Dios quiere de ti y tú no los dejas ir? ¿Estás manteniendo relaciones peligrosas e innecesarias con compañeros, relaciones con tu pareja, hábitos y actividades que ha establecido y logrado ligarte o atarte, que te es imposible desenlazarte?

Hay veces, que es difícil ver lo que hay en la otra mano, pero crees que lo que tú tienes es siempre lo mejor.

“Dios nunca te quitaría algo, sin antes darte algo mejor en su lugar”.

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