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Navidad

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Queridos Amigos:

¡Navidad está muy cerca y por eso deseamos a cada uno de ustedes una Feliz Navidad! Esta importante celebración, casi ha perdido su poder de cambiar al mundo, por que se ha convertido en una fecha muy comercializada. El espíritu de la Navidad ha dejado de ser el símbolo que realmente debería representar, en razones por la que fue creada. El espíritu de la Navidad es un ser de gran Luz, que es capaz de hacer los cambios pertinentes en la conciencia de la humanidad. Es la Presencia del Todopoderoso indivisible en la individualidad de la inextinguible llama de Dios en cada ser.

Lo que es conocido como el espíritu de la Navidad, viene a hacernos saber sobre el nacimiento del niño Jesús en el contexto del día más oscuro de la naturaleza del año. El anuncio es sobre la aparición de la estrella milagrosa en el firmamento del solsticio de invierno, lo que es un gran drama del cosmos y que está ahí para enseñarnos que en la noche más oscura del anhelo del hombre, allí aparece la estrella de la esperanza; que representa el nacimiento de nuestro Salvador en la profundidad del corazón.

Entramos en el espíritu de la Navidad, para que podamos entender que es perfectamente posible, que más de un hijo de Dios puede participar en el santo oficio ante el altar de Dios y ocupar la intención divina sobre lo que la humanidad puede ser partícipe en la manifestación del fuego sagrado; que es la representación de nuestro Padre Celestial en nuestros corazones. Nuestros corazones regocijantes, por lo tanto, contienen el Espíritu de esta Navidad y en nuestra cultura aparece como la conocida figura de Santa Claus o Papá Noel.

Recuerde que el corazón de un niño – tu niño interno, o sea tu mismo ser – está pensando en la llegada de Santa Claus y cómo va a ser capaz de entrar a la casa, para dejarle galletas, leche y tal vez incluso algunos regalos anhelados. Recuerde cómo con plena convicción, por que sus padres le habían dicho, que uno entra en ese Espíritu de Santa Claus. Y recuerde también la decepción al enterarse de que Papá Noel no era un ser real.

¡Pero eso no es cierto! Santa Claus es real. Estamos acá para decirles que el mismo Santa Claus es el recipiente típico del Espíritu de la Navidad, el que encarna esta misma Presencia en que nosotros hemos entrado. Es un error decirles a los niños que Santa Claus no es real. Es justo explicarles que el Espíritu de la Navidad es realmente una persona – una persona hecho real en Dios – una persona que es un ser cósmico, que llena los corazones de la gente con la anticipación del don más grande de todos; el don de la Cristiandad personal.

Estas cosas que traen regocijo en los niños – juegos, juguetes, cosas y anillos dentro de medias – originalmente fueron regalos dados a los corazones de todos los niños y estaban destinados a mejorar la percepción del niño sobre la realización de su persona ante Cristo. Cuando se piensa en los regalos que se dan en estos días, te das cuenta de que algunos regalos asisten al individuo en un mayor sentido de su identidad, mientras que otros adornan la persona exterior y tienden a crear más maya de la idolatría. Y así, dando importancia y atención al yo externo, el individuo pierde la gran oportunidad de ese momento para entrar verdaderamente en el corazón de ese ser cósmico conocido como el Espíritu de la Navidad.

Por lo tanto, entendemos que este Espíritu encarna la conciencia colectiva de Cristiandad de todo el Espíritu de la Gran Hermandad Blanca, de todos los seres como: Maestros Ascendidos, Ángeles y los anfitriones cósmicos del Señor que son ese Cristo. Démonos cuenta, entonces, que en todos los símbolos existe la realidad y en los arquetipos está el modelo original de la imagen hecha perfecta de Cristo y el mismo Santa Claus; es la esperanza persistente de todo lo que la figura del Cristo Cósmico vendrá para traer el verdadero regocijo, la incomparable felicidad de un corazón lleno de amor.

Feliz Navidad.

El Portal de Oro de Saint Germain.

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